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martes, 10 de febrero de 2015

"No soy importante" o cómo vivir siendo marioneta

A José, de 42 años, le vendieron un piso en mal estado, semi-abandonado, pendiente de reformas. Su madre dice que los dueños fueron unos “desalmados”...
María Jesús ha denunciado a dos adolescentes de su pueblo por pegar a su hijo. No sabe bien qué ocurrió porque su hijo no se explica, pero teme que pasara “algo más”… 
Vanessa no deja a su hija ponerse falda. Tampoco maquillarse ni llevar el pelo suelto. “A primera vista no parece que tenga una discapacidad y es tan guapa, tan mujerona, que me da miedo…” 
Manuela trabaja en una zapatería y maneja perfectamente su dinero. Sin embargo, su padre siempre le acompaña al banco. No se fía. Ni de su hija, ni de los del banco.
Seguro que si estás en contacto con la discapacidad intelectual conoces casos parecidos. Tener una discapacidad intelectual aumenta las probabilidades de ser víctima de engaño, maltrato, acoso en el trabajo o bullying en entornos escolares. Evidentemente, son muchos los factores que cabría analizar para comprender por qué ocurre esto. Solo por empezar, sería necesario reflexionar sobre el sistema educativo, familiar y social, que hemos creado para los niños y personas con discapacidad… Sobre cómo dicho sistema contribuye a formar personas vulnerables, con escasa capacidad para “hacerse valer” por sí mismas.  Algunas ideas al respecto:
  • La mayor parte del tiempo, sometemos a niños y jóvenes con discapacidad a multitud de rutinas, actividades y terapias (por su bien) cuyos objetivos, además, no les explicamos. Cuando se enfrentan a esto (¡No quiero ir!) los consideramos rebeldes, manipuladores o inconscientes (Ya me entenderás cuando seas mayor).  Tendemos a planificarlo todo sin contar con ellos porque entendemos que son incompetentes, poco maduros o inocentes.
  • Con frecuencia, elaboramos metas que no son significativas para ellos. Llevamos a cabo actividades que no les gustan y que, incluso, les hacen “sufrir”. Lloran, patalean, se quejan, se resisten… Pero, aún así, seguimos, convencidos –nuevamente- de que es por su bien.
  • No nos planteamos muy a menudo que, quizá, haya otras maneras de conseguir las mismas metas, mediante actividades más cercanas a sus intereses o desde entornos naturales e inclusivos. Incluso, quizá, podamos mantener nuestros objetivos pero hacérselos comprender de una manera clara, atractiva, comprensible.
  • Admiramos a aquellos niños y jóvenes con discapacidad que adoptan un papel pasivo, y que hacen todo lo que les decimos (Es más bueno… no me da ningún problema. Se deja hacer, es una maravilla. Es dócil, bueno, obediente…). Con niños sin discapacidad, significativamente, escuchamos con más frecuencia sus ideas, atendemos a sus intereses y gustos. Les apoyamos para que sean capaces de decir que no, elegir qué actividades hacer, decidir si participar en ciertas actividades, mostrar enfado, disponer de su tiempo libre, etc. Entendemos que todo esto forma parte del desarrollo de su personalidad y, progresivamente, nos “retiramos” para dejar que sean ellos quienes asuman el control. Cosa que no hacemos con las personas con discapacidad.

Ciertas pautas y condiciones del entorno –como las recién descritas-, repetidas durante años, en diferentes contextos, crean en la persona con discapacidad una peligrosa percepción: LO QUE YO DIGO, PIENSO Y SIENTO NO ES IMPORTANTE. De hecho, es indiferente. Los efectos negativos de esta creencia son variados: o bien aumentan las conductas rebeldes como forma de llamar la atención, o bien la persona se convierte en marioneta. Marioneta acostumbrada a hacer, pensar, decir, creer lo que otros dicen. Aunque esto signifique comprar un piso en mal estado, o hacer cosas que a uno le resultan desagradables por complacer a otros.

Y, en esta vida, a nadie le gusta ser marioneta.Tampoco a las personas con discapacidad intelectual. 

martes, 25 de noviembre de 2014

¿Educación especial vs Educación Inclusiva?

Uno de los dilemas que se plantea cuando hablamos de un sistema inclusivo es: ¿qué ocurre con la educación especial? Existen algunas creencias, en parte, erróneas, que es necesario revisar. Por ejemplo: Las personas que defienden un sistema inclusivo es porque no confían en la educación especial; El sistema inclusivo es necesario debido a la mala calidad de los servicios especiales; La educación especial desaparecerá si se logra un sistema inclusivo…  

Este es un tema complejo de tratar, dada la cantidad de variables (legales, educativas, sociales, organizativas) que influyen y definen la relación entre la educación especial y la educación inclusiva. Aunque es imposible reflejar aquí todo estos factores, existen ciertas reflexiones que pueden orientarnos... 

  • El paso hacia una educación inclusiva es un proceso gradual. Ningún sistema educativo cambia de la noche a la mañana, y hay que ser consciente de lo largo, complejo, e incierto que es, a veces, este camino. Es mejor ir dando pasos seguros que abrazar demasiado pronto una revolución “desordenada” a la que no sepamos dar respuesta.
  • Probablemente las escuelas de educación especial no tengan que desaparecer sino más bien cambiar su rol y funciones. Se convertirían, así, en centros de recursos para la educación inclusiva. ¡No podemos desaprovechar toda la experiencia, conocimiento y trayectoria de grandes profesionales de la educación especial! A menudo son ellos quienes mejor pueden marcar el rumbo de la educación de alumnos con necesidades educativas especiales, en entornos normalizados.
  • Esta “transferencia” de experiencias y conocimientos no debería darse únicamente a nivel individual (es decir, por ejemplo, solo en determinados casos de alumnos) sino también a un nivel organizativo. Buscar la mejor manera de conseguirlo (tutorización, mentorazgo, elaboración de materiales, asesoramiento en asuntos concretos como la eliminación de barreras o la realización de adaptaciones curriculares, etc.).
  • En ese sentido, deberíamos hablar de “educación especial” y no tanto de “centros especiales”. En un sistema inclusivo siguen existiendo alumnos/as con necesidades específicas de apoyos que requieren una atención complementaria. Y esta atención podría entrar a formar parte de la red educativa general.
  • Para entender correctamente la naturaleza del sistema inclusivo, hay que ser consciente de que en la escuela no se tiene por qué aprender todo. Es decir, un alumno puede seguir acudiendo a un centro específico para adquirir determinadas habilidades, recibir un tipo específico de formación o participar en grupos con personas diferentes (por ejemplo, acudir a un centro especializado para aprender braille). La educación no está solo en las aulas, los agentes y contextos educativos son mucho más amplios. Por eso, es importante incluir a los alumnos con nees en otras actividades (deportes, ocio, música…), donde pueden adquirir habilidades importantes. De la misma manera, ningún profesor tiene la responsabilidad única y absoluta del aprendizaje y mejora de un alumno. 
  • Nos encontramos ante un reto: cambiar el modo de entender la educación especial (hasta ahora asociado casi casi exclusivamente a las discapacidades). Asumir un nuevo rol mucho más dinámico, teniendo en cuenta que las necesidades educativas especiales no son estados del alumno sino que pueden ser cambiantes, transitorias… Olvidarnos de la educación especial como centros donde, una vez que se entra, ya no se sale. Prevenir esa percepción de “no retorno” asociada los centros y servicios especiales.

Hasta hoy la relación entre educación especial y educación ordinaria ha sido escasa, funcionando como sistemas paralelos, contrarios y excluyentes (o eras de educación especial o eras de educación ordinaria) Quizá ahora estemos pagando el no habernos interesado los unos por los otros. Pero, una vez se logre un acercamiento (superando esa timidez e inseguridad propias de las primeras citas), seguro que es el comienzo de una gran amistad…




martes, 28 de octubre de 2014

Metáfora para la inclusión

De vez en cuando, en medio de todas las dudas, aparecen textos que de repente aportan nuevas luces para comprender esto de la inclusión…  Textos como, por ejemplo, el de M. Sapon-Shevin acerca de la inclusión, considerada por esta autora como una especie de disclosing tablet para el sistema educativo…

Disclosing tablets: tablas que los dentistas dan a los niños para ver dónde se tienen que cepillar mejor. Con esta técnica se iluminan, en color, las zonas de la dentadura donde se acumula la placa dental (que, de otra manera, quizá sea imperceptible). Así, el niño puede identificar fácilmente dónde tiene que cuidar mejor sus dientes.

Es decir, la inclusión, a menudo, nos parece que es un problema añadido que complica la ya de por sí estresante vida y tarea docente (Con todo lo que tengo y encima, ahora, niños con discapacidad).  Sin embargo, del mismo modo que estas tabletas, la inclusión únicamente nos advierte acerca de lo inadecuado del sistema. Nos llama la atención sobre la falta de flexibilidad, la rigidez, la escasa creatividad, la poca atención a la diversidad, a las diferencias, el exceso de competitividad, la ausencia de valores como la interdependencia, el cuidado, el apoyo de unos a otros…

La inclusión ilumina y señala nuestras vergüenzas, aquello que no estamos haciendo del todo bien y que, quizá hasta ahora, permanecía en la sombra porque nadie, ni nada, lo había señalado. Por eso, igual que cuando uno va al dentista, sentimos miedo, tememos que nos den una reprimenda por no tener buenos hábitos y no cuidar lo suficiente algo que valoramos. Sin embargo, aun así, sabemos que es necesario. Y sabemos que, solo siendo conscientes de aquello que hacemos mal, seremos capaces de mejorarlo.


Resumen: la inclusión no crea problemas, nos señala dónde están. 



Referencia Sapon- Shevin, M. (1996). Full inclusion as disclosing Tablet: revealing the flaws in our presente system. Theory into Practice 35(1), 35-41. 


miércoles, 24 de septiembre de 2014

Inclusión: mensaje para "los otros" padres

Son muchos padres los que todavía se resisten a que sus hijos convivan en las aulas con niños con discapacidad, sobre todo si estas son severas, o visibles. Hace un tiempo una madre me contaba que, al proponer crear un aula de apoyo en el colegio ordinario de su hija, la respuesta que obtuvo (más o menos) fue: Esto no es un colegio de educación especial, si creamos el aula específica se nos llenaría. Y además el resto de padres se oponen. Tu hija ES de educación especial. Por situaciones como esta (sobre todo, por el impacto que estas experiencias tienen en la vida de los niños con discapacidad y sus familias), es importante formar y sensibilizar a toda la comunidad educativa sobre la inclusión. De ahí este mensaje para los padres de niños “normales” que aún creen que la discapacidad no merece el mismo lugar…

No tengas miedo de que haya un niño con discapacidad en la clase de tu hijo
  • La discapacidad no se “pega”, no se contagia. Puede que tu hijo imite algún comportamiento del niño con discapacidad, igual que puede imitar muchas otras conductas. Pero no te preocupes, no va a empezar a retroceder. Seguramente la discapacidad le llame la atención y eso dé lugar a conductas aparentemente extrañas (Yo también quiero hablar con un tablero como Fulanito, yo también quiero que me den de comer…).
  • Tu hijo va a aprender cosas muy valiosas. Piensa en ello. Cosas que no va a olvidar, aún con el paso de los años (no ocurre lo mismo con otros aprendizajes). Realmente, es más importante que tu hijo sepa tratar a las personas o sepa comprender que hay personas que necesitan más apoyos que, por ejemplo, sepa enumerar los órganos que forman el aparato digestivo (puede ser importante saberlos pero, ¿sabrías decirlos tú ahora?) En cambio, ciertos valores fundamentales para ser una PERSONA, con mayúsculas, las puede adquirir a partir del contacto con niños diversos.
  • Aunque los beneficios de la inclusión son grandes para tu hijo, recuerda que el objetivo es que el niño con discapacidad también aprenda. Es su derecho, tiene el mismo que el resto de niños a pesar de  no tener las mismas capacidades. Ponte en el lugar de esa familia: ¿cómo te sentirías si no pudieras elegir opción educativa para tu hijo? ¿Cómo te sentirías si el padre de otro niño dijera que tu hijo no merece, no puede, no es conveniente, no debe estar en un aula con otros niños? No pienses que porque no te haya tocado a ti, es menos importante…
  • El hecho de tener una discapacidad intelectual no quiere decir que esa persona no tenga otras fortalezas. Descúbrelas. Seguro que ese niño es mejor que tu hijo en algo (es un atleta estupendo, es divertido…).
  • El maestro preparado para atender a la diversidad es un mejor maestro. Por lo tanto, también lo será para tu hijo. Tiene más recursos, es más creativo, tiene más inquietud por mejorar, es más flexible, comprometido…  Si mejoramos la calidad de la enseñanza para los niños diferentes, la mejoraremos para todos.
  • Olvídate de la discapacidad y piensa que ese compañero de tu hijo es, ante todo, un  niño. Da igual que vaya en silla de ruedas, da igual que se le escape la baba, da igual que hable más despacio, da igual que tarde más en aprender… es un niño y comparte muchas cosas con tu propio hijo. Fíjate con atención y lo comprobarás.
  • Observa cómo tu hijo entiende y trata la discapacidad. Aprenderás la naturalidad con la que los niños conviven con el mundo y con otras personas diferentes. Fomenta esa naturalidad, también la curiosidad, y no eduques a tu hijo en los prejuicios y etiquetas.
  • A lo largo de los años, te encontrarás con muchos más niños y personas “especiales”, por muchos otros motivos. No dejar o no querer que estén en el aula es un error, es cerrar los ojos a la diversidad inevitable, que nos rodea.
  • Olvida de la distinción centro normal y “centro especial”, niño “normal” y niño especial. Tradicionalmente ha sido así pero el modelo en el que deberíamos movernos actualmente es el de la inclusión educativa. Todavía quedan muchas cosas por mejorar y por eso tienes dudas pero trabajando juntos, lo lograremos.
  • No pienses en metodologías tradicionales, las escuelas ya no son como antes –o no deberían-. No pienses en la vida escolar de tu hijo igual que si fuera la tuya. Las aulas no son homogéneas, la tecnología ha multiplicado las posibilidades, el conocimiento de la discapacidad, los medios técnicos y humanos es mayor, etc.
  • No olvides que hoy es el compañero de tu hijo pero mañana puede ser otra persona. No se aprende a convivir y entender la discapacidad si rechazamos tener trato con ella. Los niños no eligen tener una discapacidad. Tampoco sus familias. No les hagas sentir que, además, son culpables o molestan al resto de personas “normales”.
Las actitudes hacia las personas con discapacidad serán más positivas cuando tengas un contacto duradero, frecuente y satisfactorio con ellas ¡Si ahora son negativas, puedes cambiarlas! 

martes, 16 de septiembre de 2014

Creando cultura de diversidad


En la difícil tarea de lograr escuelas inclusivas, uno de los pasos fundamentales es generar una cultura de la diversidad. Las escuelas (profesores, alumnos, familias, comunidad educativa) tienen que valorar, apreciar, vivir la diversidad como un reto y no como una amenaza a su estabilidad. Muchos alegan que las escuelas no están preparadas para asumir la gran diversidad actual del alumnado. Pero esto, más que una excusa, debería ser el punto de partida para el cambio y la mejora. ¿Que no estamos preparados...? Entonces es momento de cambiar la educación, y no de hacer desaparecer, disfrazar o ignorar a tantos y tantos alumnos diversos…



Las siguientes ideas y actividades sirven para crear esta cultura de diversidad e inclusión. Se pueden llevar a cabo, adaptadas en cada caso, con grupos de formación de profesores, con familias, con los propios alumnos, con futuros profesionales de la educación, etc.
1. Describe ¿Qué significa para ti “ser normal”? Piensa, al menos, 4 sinónimos de este concepto. Prepara una breve intervención (de dos minutos) explicando este término. Puedes grabarte y enviarlo para verlo en el grupo, escenificarlo, contar una historia, etc. Explícalo como quieras y donde quieras.. 
2. Para el próximo encuentro o sesión, trae una foto o imagen que represente para ti el concepto de “diversidad”. Lo ideal es que tú mismo hagas la foto, con el móvil, y expliques por qué has escogido esa imagen, o momento. 
3. Durante una semana, presta atención a cuántas veces utilizas expresiones como “nosotros”, o “ellos, los otros”. ¿Cuándo las ha usado? ¿Quiénes son, para ti, “los otros”? ¿Cuáles son las diferencias que has mencionado? (Por ejemplo, nosotros los españoles somos… ellos –los extranjeros, los inmigrantes…). 
4. Fíjate también en cuántas veces, y en qué situaciones, describes a colectivos de manera general. ¿Has hablado de “los extranjeros, los adultos, los políticos, los ricos, los musulmanes, los pijos, las mujeres…”? 
5. Busca imágenes de “personas diferentes”. Explica, en el grupo, las razones de tu elección. ¿Por qué son diferentes? ¿Qué representan para ti esas diferencias? ¿Qué sentimientos o emociones te producen?

El objetivo es aprovechar las aportaciones de cada participante y generar discusión y reflexión compartida acerca de conceptos como diversidad, normalidad, igualdad, etc. Este tipo de actividades, sencillas y prácticas, contribuyen a que, poco a poco, se cree una cultura de respeto. Como siempre decimos en este blog, cambiar los valores y las creencias es lo que nos llevará a modificar las conductas. Así que, manos a la obra… 






miércoles, 10 de septiembre de 2014

Dinámica sobre la inclusión educativa

Aunque la inclusión es uno de los conceptos educativos que más se repiten actualmente, más en el área de la discapacidad, es probable que aún muchos profesionales no comprendan -del todo- qué implica este modelo. Por eso, se propone la siguiente dinámica...

Objetivos: reflexionar acerca de la percepción sobre el concepto de inclusión. Discutir posibles prejuicios hacia la inclusión educativa y aclarar aspectos dudosos.

Procedimiento: se entrega un listado de afirmaciones sobre la inclusión educativa. Cada idea está escrita en un post it. En pequeños grupos, los participantes tienen que discutir y comentar las ideas y organizarlas según tres columnas: (1) Representa (es inclusión, estoy de acuerdo), (2) No representa (es una idea que no es coherente con el sistema educativo inclusivo, no estoy de acuerdo, no representa mi idea de inclusión), (3) Dudoso (plantea dilemas).

Distribuye las frases según representen o no tu visión. Coloca en la columna de Duda aquellas afirmaciones en las que no estés seguro o que, a tu modo de ver, plantean ciertos dilemas educativos.  

Las ideas que se pueden incluir pueden ser variadas y dependerá de las características del grupo con el que se vaya a trabajar (si son profesionales de aula, depende de qué grado, si son especialistas, si son estudiantes, etc.) y del marco en el que se realice la dinámica (si es después de una formación, si es para examinar los conocimientos previos, etc.). El siguiente cuadro recoge algunas de las afirmaciones que se pueden presentar: 



Más afirmaciones:
  • Hasta que no logremos un sistema educativo inclusivo, verdaderamente eficaz, no podemos olvidarnos de la educación especial 
  • Por ley, los centros educativos deben admitir a todos los alumnos (incluso a aquellos con necesidades educativas especiales) 
  • La diversidad es una oportunidad para el aprendizaje y el sistema inclusivo pretende aprovecharse de este potencial 
  • La educación especial sigue siendo el mejor ambiente para determinados alumnos
  • Los colectivos históricamente vulnerables son quienes más se aprovechan de un sistema educativo inclusivo (minorías étnicas, alumnos con discapacidad...) 
  • La mayoría de los docentes en ejercicio tienen la competencia necesaria para afrontar el reto de la inclusión educativa de alumnos con discapacidad 
  • Sin recursos y apoyos institucionales es imposible llevar a cabo prácticas inclusivas 
  • Los alumnos "especiales" (con discapacidad) entorpecen, con frecuencia, el desarrollo de la actividad normal del aula 
  • El sistema educativo es el que debería adaptarse a las necesidades de los alumnos, y no al revés 
  • Los alumnos con discapacidad están mejor en educación especial ya que es menos frustrante para ellos 
  • Las familias que defienden un sistema educativo inclusivo son aquellas que no han aceptado la discapacidad de sus hijos 
  • Existen escasas evidencias científicas acerca de los beneficios de un sistema educativo inclusivo 
  • Quienes tienen la última palabra a la hora de decidir la escolarización son los padres (que pueden oponerse a la educación inclusiva si así lo consideran)
  • La inclusión educativa solo se logra en comunidad (es decir, deben participar todos los agentes educativos: familias, escuelas, etc.) 
Preguntas que guíen la reflexión
  1. ¿Cómo es la inclusión (afirmaciones que representan). 
  2. ¿Cómo no es la inclusión? (afirmaciones que no representan? ¿Cuáles son los aspectos dudosos?
  3. ¿Ha sido clara la distribución de las afirmaciones? ¿Cuál ha generado más discusión? 
  4. ¿Qué post its cambiariáis de columna? (Redistribuir según debate y consenso) 

lunes, 21 de julio de 2014

La inclusión: de quimera a realidad

A lo largo de entradas anteriores, durante este curso, hemos visto varios aspectos relacionados con la inclusión como meta del actual sistema educativo. Un referente mencionado en dichas entradas ha sido Gerardo Echeita, investigador y profesor experto en la materia. En este caso, nos basamos también en sus palabras para dar una visión nueva acerca de la inclusión…
¿Qué significa la inclusión como META? ¿Cuáles son los “componentes” de la inclusión? ¿Cómo hacer para que la inclusión deje de ser un deseo y se convierta en realidad?

MANOS
Seguro que si eres docente, alguna vez, habrás dicho: yo puedo planificar, puedo coordinar, puedo aprender, puedo pensar actividades inclusivas…. Pero lo que no puedo hacer es estar en dos sitios a la vez, solo tengo dos manos… Y es que la inclusión requiere mucho trabajo, esfuerzo, tiempo, colaboración de muchos profesionales, participación de las familias… Por otra parte, las oportunidades para el aprendizaje y la participación no se agotan dentro de las paredes del aula. En el caso de los alumnos con discapacidad, no todas las destrezas tienen por qué adquirirse o aprenderse dentro del aula (podemos y debemos “extender” la inclusión más allá.
Algunas ayudas pedagógicas que pueden hacer que el profesor “multiplique” sus manos:
  • Fomentar el apoyo entre compañeros (aprendizaje entre iguales, mentores…)
  • Crear grupos de apoyo entre los profesores (aunque no estén directamente implicados en la atención al alumno con discapacidad, ver qué puede aportar cada docente, cómo conseguir sinergias de trabajo)
  • Aprovechar el potencial de las TICS para favorecer el trabajo autónomo (ejercicios que se corrigen automáticamente, vídeos para explicar lecciones, aplicaciones gratuitas para determinadas destrezas…
  • Favorecer la participación de las familias (a través de grupos interactivos, voluntariado, etc.).
Hay muchos y muy útiles ejemplos de buenas prácticas. Se trata de investigar, ser creativo y encontrar la propia fórmula que funcione. 
EVALUACIÓN
Dentro del sistema educativo, lo que se mide, se puede conseguir (M. Ainscow).
El paso de un modelo de integración a uno de inclusión es un proceso que requiere tiempo y, además, un ritmo de trabajo sistemático y bien organizado. Las prácticas inclusivas no se improvisan, sino que forman parte de un proceso de  mejora constante, y consciente, por parte del centro educativo y de todos los profesionales. Por eso, es importante analizar evidencias sobre en qué punto se encuentra la práctica educativa y cuáles son las barreras para el aprendizaje y la participación que aún están presentes. También en este punto,  existen múltiples procedimientos y herramientas (el INDEX, por ejemplo).
El objetivo es: obtener una “fotografía” de la realidad del centro educativo y del aula (para ello hay que escuchar la voz de los expertos, de los profesores, de los alumnos, y de las familias).
TIEMPO
Lo urgente, con frecuencia, no nos deja ver lo importante.
Hay poco más que decir acerca de este elemento: la inclusión requiere darse tiempo para coordinar, invertir en la reflexión, en la evaluación sistemática, en la formación del profesorado, etc. Además, exige también dejar tiempo para que los cambios se vayan asimilando. “Darle la vuelta” a un sistema educativo no es tarea fácil y no se consigue de un día para otro.

ALMA

En el fondo, la inclusión educativa es el proceso (complejo, difícil y plagado de dilemas) de llevar nuestros principios y valores a la acción  (T. Booth).
Alma es el componente menos tangible pero quizá más importante. Es la implicación activa, la puesta en marcha de valores éticos, el reconocimiento de las posibles limitaciones, la reflexión acerca de los diferentes dilemas que plantea la inclusión, la evaluación de los errores cometidos, etc. Supone trabajar buscando la mejor manera para que el alumno aprenda, se eduque, crezca. En definitiva, poner el alma en esta labor es lo que da respuesta a la dimensión moral del trabajo del educador. Incluye muchas habilidades y virtudes, más complejas de medir que los componentes anteriores (empatía, honestidad, humildad, respeto, equidad, compromiso…) pero sin los cuales difícilmente haremos de la inclusión una realidad. 


jueves, 19 de junio de 2014

Metáfora sobre la inclusión

Si organizamos un banquete, ¿podemos comer todos? 

Texto extraído de: Lombardi, R. y Espinosa, J. (2006) (Coords.). Iguales en la diversidad. Ministerio de Educación, Cultura y Deporte. 
Cuentan que un hombre de la ciudad (Señor Ramón, le llamaremos) se encontró con un viejo conocido a quien no veía desde hacía mucho tiempo. El Señor Ramón tenía previsto celebrar al día siguiente una cena con un grupo de amigos, a los cuales también hacía años que no reunía. Aprovechó este encuentro e invitó a cenar a su viejo conocido. El Señor Ramón era un buen cocinero y preparó una cena espléndida: entrantes variados, guisos de toda clase y un magnífico pastel de frutas confitadas. Todo ello, además, regado con buenos vinos, tal y como merecía la ocasión. El mismo día de la cena, el Señor Ramón cayó en la cuenta de que su amigo –no recordaba bien por qué- tenía que tener mucho cuidado con lo que comía y que, seguramente, nada de lo que había preparado con tanto cuidado le haría bien. Enseguida, le llamó por teléfono, explicándole lo que pasaba. Sintiéndolo mucho, le dijo, es mejor que no vengas, te avisaré cuando celebre otra reunión.
En la misma ciudad otro señor (Señor Martín, le llamaremos) se encontró en la misma situación. También había preparado una gran cena para sus amigos y había invitado a un antiguo compañero con el que se había encontrado un par de días antes. La misma tarde de la cena, otro de los invitados le hizo caer en la cuenta de que, por si no se acordaba, el viejo amigo no podía comer de todo. El Señor Martín, que había olvidado este detalle, corrió a telefonear a su amigo para preguntarle si aún tenía el mismo problema. No te preocupes, le aseguró, ven de todos modos, y te prepararé un plato de verdura y pescado a la plancha.
Curiosamente, un tercer hombre (Señor Alfredo, esta vez), también muy respetado se encontró en un caso idéntico. Cuando ya lo tenía todo a punto, se acordó de que aquel a quien había invitado a última hora tenía que seguir una dieta muy estricta. Entonces, cambió el menú deprisa y corriendo: seleccionó algunos entrantes que también podía comer su viejo amigo, guardó los guisos en el congelador para otra ocasión, e improvisó un segundo plato, también espléndido, que todo el mundo pudiera comer. También retocó el pastel y en vez de fruta confitada le puso fruta natural. Llegada la hora de la cena, todos juntos comieron de los platos que el anfitrión, amablemente, les ofreció.

¿Qué ventajas e inconvenientes tiene cada una de estas tres opciones para el cocinero? ¿Y para la mayoría de los comensales? ¿Y para el invitado de última hora? Si estuvieras en el papel de invitado de “última hora”, ¿en cuál de estas situaciones te sentirías más incluido en la cena?

Reflexión: Aunque seguramente habrás tomado una decisión respecto al escenario en el que personalmente te gustaría encontrarte en esta «invitación», no habrás dejado de apreciar que los tres podían tener algo de comprensible y de positivo, al menos desde algún punto de vista. Así, por ejemplo, podría decirse que la tercera opción es, quizá, más costosa en términos económicos y requiere de un anfitrión con recursos para improvisar una nueva cena. La segunda situación no cuesta tanto, aunque puede hacer sentirse un tanto incómodo al invitado, al apreciar que recibe un trato especial y distinto al de la mayoría. Por último, en el primer escenario podemos pensar que, siendo un invitado especial, es mejor atenderlo como se merece en otra ocasión...



martes, 17 de junio de 2014

Derechos del docente inclusivo

Como se suele decir al hablar de este tema tan actual últimamente, en realidad, no existe la inclusión sino los docentes inclusivos. Si en una entrada anterior hablamos de algunos de los deberes de los docentes  en esta misión  es hora de mencionar sus derechos. 

Como docente inclusivo tienes derecho a…
  • Recibir formación. Y a que ésta sea de calidad, útil, actual y relevante para desempeñar tu labor en el aula.
  • Tener tiempo para aprender y asimilar todos los cambios que se están produciendo en el sistema educativo. También a ir despacio en este proceso de aprendizaje, a no tener que hacer las cosas “mal y rápido”.
  • Quejarte, de vez en cuando, de aquellas medidas que no ves adecuadas, de decisiones que toman otros por ti, de la falta de flexibilidad del sistema, de las normas impuestas sin pensar en los beneficios y desventajas para el aula.
  • Reconocer: no se qué hacer sin que te digan que eres un mal docente, o un maestro poco creativo, o incluso te acusen de que no te interesa el bien de tus alumnos.
  • Cambiar la manera de funcionar, innovar en tu metodología, “darle la vuelta” a tu enseñanza pero, progresivamente. A no cambiar el sistema educativo de un día para otro sino a contribuir, desde tu aula, desde tus actividades, desde tus actitudes, a un cambio global.
  • Pedir que se valoren tus logros y tus esfuerzos por ser un docente inclusivo, aun cuando los resultados no sean los esperados. A recibir palabras de aliento y ánimo. A escuchar, de vez en cuando, la palabra “gracias”.
  • Solicitar colaboración de otros especialistas. También derecho a no ser un “todólogo” (que todo lo sabe, todo lo tiene que conocer, y todo lo tiene que solucionar). A contar con más manos para que te den apoyo en tareas especialmente complejas (como atender a un alumno con una discapacidad severa).
  • No tener la responsabilidad absoluta de que todo, siempre, salga perfecto. Derecho a no estar aislado, a no sentir todo el peso del avance de un alumno. A sentirte acompañado en este camino y a ser parte de una comunidad que trabaja en una misma dirección.
  • Aprender y desaprender, a tener éxitos y fracasos, a hacer las cosas bien y a hacerlas mal, sin que por ello se te “crucifique”.
  • Realizar propuestas, investigar. Derecho a plantear maneras diferentes de hacer las cosas, a no dejarte llevar por la corriente ni por el hay que hacerlo así y punto. 

Y, finalmente, derecho a disfrutar de tu trabajo y de tus alumnos, con y sin discapacidad. A no vivir angustiado por el: ¿lo estaré haciendo bien? A plantearte objetivos asequibles e ir cumpliéndolos poco a poco, recorriendo el camino con alegría y tranquilidad. A vivir, realmente, la inclusión como un reto profesional y personal y no sentir que es una amenaza constante. 

lunes, 9 de junio de 2014

Estar, aprender y participar


Presencia, aprendizaje y participación son los ejes de la inclusión educativa. En el caso de los niños con discapacidad resulta especialmente complicado “traducir” estas condiciones en una realidad. Sin embargo, cada una de ellas es absolutamente necesaria.  Recordemos que: 
  • No podemos hacer inclusión “a distancia”: en centros especiales, con programas especiales, a cargo de profesionales especiales, mediante actividades especiales, en mundos especiales…
  • Si el alumno está, pero no aprende, no es inclusión.
  • Si el alumno está, aprende pero no participa en la vida escolar no es inclusión.

Algunas ideas que puedan inspirar el camino iniciado hacia las escuelas inclusivas y que, sobre todo, ayuden a los docentes a comprender la "mecánica" de la inclusión... 


PRESENCIA:

Básicamente consiste en que alumnos con y sin necesidades especiales compartan espacios y tiempos. Es decir, cuidar que realmente el niño/a esté presente en la convivencia diaria (Es que como la silla de ruedas ocupa mucho, lo ponemos siempre detrás, donde no estorba al resto. Cuando llueve, no sale al patio y se queda en el gimnasio porque nos da miedo que se coja algo,  en música no participa en las actividades porque se mueve tan poco que no sé qué instrumento darle…). De hecho, es la poca relación que históricamente hemos tenido con personas con discapacidad la que hace que se mantengan prejuicios, miedos, mitos, etc. Por eso, el primer paso para conseguir una escuela (sociedad) inclusiva es: estar en el mismo centro educativo, el mismo barrio, mismo cine, mismo mundo. Las personas con discapacidad ni pertenecen, ni están, ni se merecen un mundo aparte.

En la escuela, debemos asegurar acceso físico y cognitivo:
  • Físico: accesos del centro y del aula, materiales, mobiliario, posibilidades de movilidad por todo el espacio del centro, control por parte del niño del contexto físico (que pueda apagar las luces, que pueda ordenar sus materiales, que sea capaz de meter sus libros en su taquilla), etc.
  • Cognitivo: organización del centro y del aula comprensible para los alumnos con discapacidad, revisión de las actitudes de los docentes hacia la discapacidad, etc. Para ello hay que analizar de manera detenida el contexto para comprobar qué obstáculos dificultan el acceso y la presencia del niño en el aula.

Las barreras físicas son relativamente sencillas de detectar (El niño no llega al baño, el aula de informática está en el quinto piso y no hay ascensor, los carteles de las aulas no son comprensibles para el niño…), pero las barreras psicológicas son complicadas de detectar y de cambiar (Los niños con discapacidad no deberían estar aquí, no tienen capacidad para aprender, están retrasando el aprendizaje del resto…). Y son precisamente estas últimas (las actitudes y percepciones de los docentes) las que marcan la diferencia.

APRENDIZAJE:

La presencia es requisito indispensable en un sistema educativo inclusivo. Pero ¿qué ocurre dentro del aula? ¿Qué pasa con la vida escolar en sí misma? ¿Aprenden los alumnos con discapacidad? ¿Logran los mismos avances académicos que si estuvieran en centros especiales? Una vez que se comparten espacios, docentes, currículum, la clave está en la diversificación metodológica. Para ello, hay que adaptar la enseñanza a las necesidades del alumno y no al revés. ¿Cómo?:

  • Planteando objetivos realistas, adecuados a las capacidades del alumno (a las que ya tiene y a las que podría desarrollar con apoyos). Sería conveniente que los objetivos para el alumno con discapacidad fueran lo más cercanos a aquellos que le corresponden por edad o etapa educativa.
  • Conociendo los estilos de aprendizaje y los intereses del alumno. Tenerlos en cuenta, realmente, a la hora de realizar las propuestas pedagógicas. Convertir los gustos e intereses en oportunidades para el aprendizaje. Y recordar que aunque el objetivo puede ser uno para todos los alumnos, las maneras de alcanzarlo son múltiples.
  • Planificando actividades inclusivas, accesibles para todos los alumnos. Buscar elementos comunes que faciliten el trabajo en el aula y nos permitan gestionar de manera eficaz el tiempo (Yo les enseño la canción a mis alumnos, y luego la adapto a lengua de signos para mi alumno que no oye, y él la aprende los miércoles por la tarde en una hora extra de apoyoà ¿Por qué no enseñar la canción, cantada y en lengua de signos, a todos los alumnos desde el principio?)
  • Proteger al alumno con discapacidad de las experiencias continuadas de fracaso. ¿Le preguntamos al niño qué se le da bien? ¿Hablamos con él sobre sus cualidades? ¿Le permitimos elegir tareas que le supongan una satisfacción personal? ¿Se refuerzan sus logros de la misma manera que los de los compañeros?
  • Servirse de los apoyos técnicos correspondiente (muchos de los cuales pueden ser incluso “creados” por los propios docentes: instrumentos musicales adaptados para el niño con parálisis cerebral, mapa en relieve para el niño que no ve bien, pictogramas para el niño con autismo, etc.). Apoyarse en especialistas en estas áreas (el docente de aula no tiene por qué ser experto en todo, sino que se tiene que servir de aquello que le facilite el trabajo diario).
  • Poner en marcha determinadas estrategias: tutorización entre iguales, trabajo cooperativo, procesos de resolución de problemas, aprendizaje a través de actividades funcionales y diarias, uso de apoyos visuales, estructuración con rutinas… Vivir cada día en el aula como una oportunidad para descubrir nuevas estrategias.

PARTICIPACIÓN:

La última condición, la participación, tiene que ver con objetivos que vas más allá de lo académico: autoconocimiento, autonomía, relaciones interpersonales, habilidades sociales… La meta final del proceso inclusivo debería ser generar un sentimiento de pertenencia en todos los alumnos. Para ello:
  • Hacer al alumno con discapacidad partícipe de la vida diaria del aula, que ofrece muchas oportunidades para el aprendizaje, más allá de las actividades propiamente académicas (en un aula hay que limpiar, organizar el espacio, realizar votaciones, preparar cumpleaños, etc.).
  • Facilitar al máximo la comunicación, teniendo en cuenta las peculiaridades del niño con discapacidad (podemos comunicarnos de muchas maneras, y no siempre tiene por qué ser mediante lenguaje oral!). Prestar atención a las relaciones que se establecen entre los alumnos en diversos espacios y tiempos (en el recreo, en las excursiones, en los pasillos…). 

Y, como siempre (y no me canso de repetirlo), la tarea fundamental de todos los profesionales: considerar a cada alumno como único, más allá de esa etiqueta de discapacidad que, en apariencia, lo define. Disfrutar y aprovechar la diversidad como una fuente de enriquecimiento personal para todos. Aprender de otras maneras de ver, comprender, sentir y vivir. 



sábado, 3 de mayo de 2014

¿Qué es inclusión?

Ideas fundamentales acerca de la inclusión, en un vistazo:

(1) Es un enfoque educativo, no un conjunto de técnicas o herramientas. No existe una receta, no hay un protocolo estandarizado para aplicar, no basta con adquirir una serie de herramientas y saber aplicarlas. Requiere un cambio profundo de mentalidad educativa.

(2) Es una tarea que se construye en comunidad: maestros, profesionales, padres y madres, alumnos, etc. Las escuelas inclusivas son el mejor camino para lograr sociedades inclusivas. Sociedades en cuyo logro participamos todos, independientemente de si trabajamos o no, de si vivimos o no, en contacto con el mundo de la discapacidad o de la educación. No hay un responsable único de la inclusión, a quien poder reclamar mejoras, reprochar los fracasos, o agradecer los avances. Todos contamos.

(3) Es un proceso dinámico. Es decir, no se consigue de un día para otro (hoy no soy inclusiva, mañana soy inclusiva). Conseguir un sistema educativo inclusivo no es cuestión de un día, de un curso, de un año. No esperemos milagros, ni métodos mágicos. Las mejoras se consiguen, poco a poco, en momentos y espacios concretos. Muchas veces, incluso, los cambios son casi imperceptibles pero están ahí. La cultura inclusiva va empapando, poco a poco, las prácticas educativas. Y acabará por transformarlas, pero paciencia…

(4) Supone un gran reto educativo, personal y social. No una amenaza. Ni un problema. Ni una utopía o milagro. Es una oportunidad inmejorable para aprender y disfrutar de la diversidad, para mejorar las prácticas profesionales, y para crecer como educador. Como todos los retos es difícil y, como todos los retos, a veces nos parecerá imposible. Pero, ya se sabe, lo imposible solo lleva un poco más de tiempo.


La inclusión es más que un método, una filosofía o un programa de investigación. Es una forma de vivir. Tiene que ver con el “vivir juntos”, con la “acogida del extraño” y con volver a ser todos uno  
 Stainback y Stainback (1999) 

martes, 1 de abril de 2014

Más pensamientos sobre la Inclusión

No es inclusión… 

  • Si tenemos que esconder, disfrazar, obviar, eliminar la discapacidad
  • Si no reconocemos las dificultades y los límites asociados a la discapacidad
  • Si no planteamos metas realistas y, a la vez, positivas, que lleven a cada alumno al máximo de sus posibilidades
  • Si tratamos a los alumnos en bloques homogéneos asociados a etiquetas (los “sordos” se concentran muy bien, los “Down” son cariñosos, los “autistas” son genios…)
  • Si ponemos condiciones a la educación
  • Si creemos que los alumnos con discapacidad están de prestado
  • Si la discapacidad nos atemoriza, si sentimos que es una amenaza, si nos incomoda, si tratamos de alejarla
  • Si demonizamos la educación especial y estigmatizamos a quienes optan por ella
  • Si el alumno está separado, en lugares “especiales”, con personas “especiales”, recibiendo planes “especiales”, llevando vidas “especiales”
  • Si el alumno está presente pero no aprende
  • Si el alumno está presente, aprende, pero no participa
  • Si creemos que con amor y cariño basta. Si no promovemos el aprendizaje y la mejora académica
  • Si no vemos más allá del aula. Si limitamos la acción educativa al aula y al currículum
  • Si no logramos que el alumno participe en la vida del grupo, se sienta uno más, querido por lo que es y por cómo es
  • Si aplicamos técnicas y herramientas pero, en el fondo, pensamos que el alumno con discapacidad “no debería estar aquí”
  • Si decimos cosas como: “la culpa, es de los padres”, “a las familias les ciega el amor de padres”, “la inclusión no se la cree nadie”
  • Si pensamos que no estamos preparados para “ese tipo de niños”
  • Si no comprometemos a toda la comunidad educativa
  • Si pensamos que depende de la buena voluntad o de sentimientos bondadosos de unos pocos docentes motivados
  • Si seguimos actuando por pena y compasión y no por derechos
  • Si no entendemos que la discapacidad forma parte de la vida humana y la aceptamos como tal
  • Si no evaluamos las prácticas educativas para saber cuáles son eficaces y cuáles no
  • Si continuamos teniendo miedo a enfrentarnos a la discapacidad
  • Si apostamos por la atención a la diversidad, pero “cuanto más lejos mejor” (En mi aula no, en mi centro no, en clase de mi hijo no…)
  • Si no entendemos que cada alumno, con y sin discapacidad, es único
  • Si no reconocemos que el “alumno medio” no existe. Si no reconocemos que el sistema educativo pensado para ese “alumno medio” no funciona
  • Si no analizamos las barreras para la participación y el aprendizaje que están en el contexto
  • Si pensamos que las dificultades vienen impuestas únicamente por la discapacidad del alumno
  • Si no creamos entornos accesibles (desde el punto de vista físico, cognitivo y social)
  • Si pensamos que, por ser minoría, los alumnos con discapacidad no tienen los mismos derechos
  • Si creemos, aunque sea inconscientemente, que los alumnos con discapacidad, “mala suerte que les haya tocado, no por eso hay que cambiar el sistema educativo”
  • Si no nos damos cuenta de que un sistema educativo inclusivo es un mejor sistema para todos
  • Si no disfrutamos, aprendemos y nos enriquecemos a partir de la diversidad


… no es inclusión




Pujolas y Lago (2009): “En una escuela inclusiva sólo hay alumnos, a secas, sin adjetivos; no hay alumnos corriente y alumnos especiales, sino simplemente alumnos, cada uno con sus características y necesidades. La diversidad es un hecho natural, es la normalidad: lo más normal es que seamos diferentes. ¿Qué podemos hacer para que todos los alumnos, que son diversos, aprendan al máximo de sus posibilidades?” 
(Imagen tomada de la Campaña Mundial por la Educación: Sumemos capacidades: por el derecho a una educación inclusiva)