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lunes, 25 de septiembre de 2017

¿Qué está fallando?

Alegría en un grupo de familias ante la exclusión de un alumno... 
Noticia en El país y en 20 Minutos 

Hace unos días, la noticia revolucionó las redes: un grupo de madres celebra con evidente alegría el que un alumno con Asperger, compañero de sus hijos, cambie de clase. De repente, nos llevamos todos las manos a la cabeza: ¿por qué no se respeta la inclusión? ¿Por qué se muestra semejante gozo al ver a un alumno apartado? ¿Por qué muchos ni siquiera comprenden que ese es un acto de discriminación?  No vamos a negarlo, este es un suceso complejo que debería ser analizado con mayor profundidad de la que aquí se refleja. Son muchas las perspectivas y variables implicadas. Sin embargo, de fondo, siguen perpetuándose ciertas creencias que dificultan la inclusión real de todos aquellos considerados diferentes. Aún a riesgo de simplificar, aquí van algunas actitudes que pueden ayudar a entender por qué pasó lo que pasó… 

  • Existe un pensamiento común según el cual los derechos de las personas diferentes no son equivalentes a los de las demás. De hecho, dicen los mensajes del citado grupo de familias: Ya era hora de que se hicieran valer los derechos del niño, de 35, y no solo de uno. Como si es simple hecho de ser más, quisiera decir ser mejor. Como si la dignidad, el derecho a ser educado, respetado y querido por lo que uno es, dependiera de ser como los demás. Como si el ser “normal” fuera garantía de valor personal. Como si existiera eso de “ser normal”… 
  • Además, la discapacidad/diversidad funcional sigue siendo una realidad tremendamente desconocida. Vamos a pensar que, seguramente, este grupo de padres no son malas personas. No actúan con malicia. Vamos a pensar que, en realidad, no quieren nada malo para el niño con Asperger. Vamos a pensar que, simplemente, creen que están actuando debidamente. Podría ser un problema de ignorancia. Da miedo oír la palabra “asperger” o “autismo”, sin saber qué es. Niños que molestan, que pegan, que no se comunican, que son raros, que entorpecen al resto… Las personas que nos movemos en el mundo de la discapacidad, con frecuencia, nos comunicamos entre nosotros. Fuera de este círculo, y a pesar de ser una realidad natural, la diversidad es temida y poco visibilizada. 
  • Concretamente, en el ámbito educativo, es frecuente entender la diferencia como una amenaza. Esto es un asunto realmente complicado… Puede que, realmente, un niño con Asperger muestre ciertas conductas disruptivas (no olvidemos: ¡también puede hacerlo un niño sin discapacidad, de los llamados “normales”!). Sin embargo, hay una gran diferencia entre ver esto como un riesgo para el resto de alumnos a verlo como un reto educativo del que todos pueden aprender. Como decía cierto profesor mío, cuando la marea sube, lo hace para todos los barcos. Un maestro capaz de atender a un alumno diferente, es un mejor maestro para todos. 
  • Seguimos tratando de que sean los niños quienes se adapten al sistema y no al revés. Dicho en lenguaje técnico, seguimos pensando en términos de integración y no de inclusión. Y esto es un error grave: un sistema pensado para un alumno medio es un mal sistema. ¿Por qué? Simplemente, porque el alumno medio no existe. Y, sin embargo, continuamos considerando la discapacidad como una realidad ajena, extraña, que anula al resto de la persona. El niño deja de ser un compañero más para convertirse en “el asperger”, “el autista”. Si no concebimos discriminar por razón de sexo, origen, color de la piel, ¿por qué sí por discapacidad, que no deja de ser una condición más de la persona?
  • Por otra parte, con frecuencia, se priorizan determinadas metas académicas (academicistas…) relacionadas con la productividad por encima de la EDUCACIÓN en su sentido más pleno. Supongo que este grupo de madres alegaría que el comportamiento del niño retrasaría el aprendizaje del resto (algo que, por otra parte, la investigación ha demostrado sobradamente que no es cierto). Falta por convencernos del tremendo poder de la diversidad como un recurso valioso para el aprendizaje y la educación de todos (y, además, gratis!). 
  • Finalmente… existe una falta de empatía importante… ¿De verdad hace falta tener en la familia a alguien diferente para comprender cómo se han podido sentir los padres del niño excluido? 

Resumiendo, la inclusión es cuestión de todos. Un maestro solo no hace la inclusión. Una familia en un centro educativo tampoco. De nada sirve echar las culpas a un lado y al otro, sin pensar realmente en cómo unirnos hacia una meta común. Solemos pensar que reacciones de discriminación como la que se muestra en este grupo de wasap es consecuencia de factores, la mayoría “externos” o poco sujetos a nuestro control: una mala gestión por parte del centro, unas leyes discriminatorias, falta de recursos, conductas disruptivas, escasez de apoyos para la diversidad, etc. Y es obvio que todo ello influye. 


Pero quizá lo prioritario sea modificar las actitudes de rechazo hacia el diferente. Quizá esté allí la causa de todos los males. Quizá sea este el origen y no la consecuencia. O no. Pero urge averiguarlo. Porque en algún momento habrá que empezar a cambiar las cosas


martes, 9 de diciembre de 2014

Prejuicios modernos

Es cierto que hemos avanzado mucho. Es cierto que, durante los últimos años, el movimiento de la discapacidad ha llevado a cabo casi una revolución (hemos ganado en derechos, la inclusión es el paradigma educativo actual deseado, aumenta la participación en todos los niveles, se modifica el lenguaje, se promueve la filosofía People First, la autodeterminación se ha convertido en meta principal, etc.). Determinados prejuicios, que podemos llamar clásicos, han disminuido considerablemente gracias a todos estos avances sociales. Por ejemplo, pocos apoyan hoy en día –en nuestro contexto- la institucionalización de por vida, la esterilización forzosa, la dependencia absoluta de terceros, la infantilización en hábitos y actividades, etc. Sin embargo, ya hemos hablado en otras ocasiones de los “prejuicios escondidos”, ciertas actitudes negativas que, aunque más sutiles, suponen barreras importantes en la vida de las personas con discapacidad intelectual y de sus familias. Serían algo así como los prejuicios modernos.

Es importante trabajar con las familia para que sean capaces de identificar algunos de estos prejuicios que, incluso, pueden estar presentes en su contexto más cercano (alguno de ellos quizá refleje creencias propias). El hecho de que ya nadie insulte, margine explícitamente o maltrate a sus hijos con discapacidad no quiere decir que haya desaparecido la exclusión. Son varios los componentes principales de estos prejuicios modernos. Sería adecuado trabajar con las familias acerca de en qué medida reconocen las siguientes situaciones en sus vidas. Son contenidos que también tienen que ver con el tema de los derechos, ya tratado en otro post. Se trata de capacitar (empoderar) a las familias para que sean conscientes y sigan defendiendo aquello que vale la pena.

Con frecuencia, otras personas me dicen que no existe discriminación hacia las personas con discapacidad…  
  • En realidad, las personas con discapacidad ya no son víctimas de discriminación.
  • Yo no veo que se les trate peor que a las personas sin discapacidad
  • Con todo lo que se les hacía antes, ahora están de lujo...
  • Ya son otros tiempos, ahora no pasan las cosas de antes. En mi pueblo había un chaval que no salía nunca de casa... Lo tenían escondido. Eso sí que era duro
  • Muchas veces son las propias actitudes de las familias las que hacen difícil que tratemos igual a las personas con discapacidad


Muchas personas opinan que, en el colectivo de la discapacidad, nos estamos volviendo muy “exigentes”
  • Qué pesados son los de la discapacidad con eso de la “lucha por sus derechos”…
  • Me siento incómodo/a cuando viene XXX, todo el día hablando de lo mismo. ¿Y Yo qué culpa tengo de que su hijo sea así? 
  • Yo creo que su situación ya es buena tal como está. ¿Para qué quieren más?
  • Mira, hay mucha gente que lo está pasando mal y no reclaman tanto
  • Las cosas son como son, si no se puede, no se puede. No pidas más de lo que te podemos dar (en un colegio, en una comunidad, en una organización…)


En ocasiones, percibo resentimiento de otros grupos hacia el supuesto trato de favor hacia las personas con discapacidad
  • Hay otras necesidades más urgentes que no estamos atendiendo.
  • Al fin y al cabo, las personas con discapacidad son una minoría.
  • Ahora parece que todos les debemos algo a las personas con discapacidad… Pero ¿y los demás? También tenemos necesidades y nadie nos escucha
  • No es que no sea importante, pero con la que está cayendo, hay necesidades más prioritarias
  • No es justo que las personas con discapacidad reciban cierto apoyo especial que los demás no tenemos (por ejemplo, para encontrar un puesto de trabajo)


Son muchos quienes opinan que mi hijo no necesita / merece / requiere / aspira / anhela las mismas cosas que los demás para ser feliz
  • Si total, es feliz con poca cosa
  • Pues antes se quedaban en casa, con sus familias, y tampoco hacían tanto drama
  • ¿Qué le vas a hacer? Si te ha tocado, te ha tocado… Hay que apechugar y no pretender que tu hijo sea lo que no es
  • La verdad es que, al final, son un regalo del cielo. Tendrías que estar agradecido/a
  • Vas a tener un hijo pequeño para toda la vida, eso en el fondo es maravilloso
  • Menos mal que se conforman con poco para ser felices
  • Si está tan contento, en casa, con sus cosas, le gusta estar solo, ¿para qué pedir más? 




Para leer más sobre este tipo  de prejuicios:
Akrami, N., Ekehammar, B., Claesson, M., y Sonnander, K. (2006). Classical and modern prejudice: attitudes toward people with intellectual disabilities. Research in Developmental Disabilities 27, 605-617.



martes, 25 de noviembre de 2014

¿Educación especial vs Educación Inclusiva?

Uno de los dilemas que se plantea cuando hablamos de un sistema inclusivo es: ¿qué ocurre con la educación especial? Existen algunas creencias, en parte, erróneas, que es necesario revisar. Por ejemplo: Las personas que defienden un sistema inclusivo es porque no confían en la educación especial; El sistema inclusivo es necesario debido a la mala calidad de los servicios especiales; La educación especial desaparecerá si se logra un sistema inclusivo…  

Este es un tema complejo de tratar, dada la cantidad de variables (legales, educativas, sociales, organizativas) que influyen y definen la relación entre la educación especial y la educación inclusiva. Aunque es imposible reflejar aquí todo estos factores, existen ciertas reflexiones que pueden orientarnos... 

  • El paso hacia una educación inclusiva es un proceso gradual. Ningún sistema educativo cambia de la noche a la mañana, y hay que ser consciente de lo largo, complejo, e incierto que es, a veces, este camino. Es mejor ir dando pasos seguros que abrazar demasiado pronto una revolución “desordenada” a la que no sepamos dar respuesta.
  • Probablemente las escuelas de educación especial no tengan que desaparecer sino más bien cambiar su rol y funciones. Se convertirían, así, en centros de recursos para la educación inclusiva. ¡No podemos desaprovechar toda la experiencia, conocimiento y trayectoria de grandes profesionales de la educación especial! A menudo son ellos quienes mejor pueden marcar el rumbo de la educación de alumnos con necesidades educativas especiales, en entornos normalizados.
  • Esta “transferencia” de experiencias y conocimientos no debería darse únicamente a nivel individual (es decir, por ejemplo, solo en determinados casos de alumnos) sino también a un nivel organizativo. Buscar la mejor manera de conseguirlo (tutorización, mentorazgo, elaboración de materiales, asesoramiento en asuntos concretos como la eliminación de barreras o la realización de adaptaciones curriculares, etc.).
  • En ese sentido, deberíamos hablar de “educación especial” y no tanto de “centros especiales”. En un sistema inclusivo siguen existiendo alumnos/as con necesidades específicas de apoyos que requieren una atención complementaria. Y esta atención podría entrar a formar parte de la red educativa general.
  • Para entender correctamente la naturaleza del sistema inclusivo, hay que ser consciente de que en la escuela no se tiene por qué aprender todo. Es decir, un alumno puede seguir acudiendo a un centro específico para adquirir determinadas habilidades, recibir un tipo específico de formación o participar en grupos con personas diferentes (por ejemplo, acudir a un centro especializado para aprender braille). La educación no está solo en las aulas, los agentes y contextos educativos son mucho más amplios. Por eso, es importante incluir a los alumnos con nees en otras actividades (deportes, ocio, música…), donde pueden adquirir habilidades importantes. De la misma manera, ningún profesor tiene la responsabilidad única y absoluta del aprendizaje y mejora de un alumno. 
  • Nos encontramos ante un reto: cambiar el modo de entender la educación especial (hasta ahora asociado casi casi exclusivamente a las discapacidades). Asumir un nuevo rol mucho más dinámico, teniendo en cuenta que las necesidades educativas especiales no son estados del alumno sino que pueden ser cambiantes, transitorias… Olvidarnos de la educación especial como centros donde, una vez que se entra, ya no se sale. Prevenir esa percepción de “no retorno” asociada los centros y servicios especiales.

Hasta hoy la relación entre educación especial y educación ordinaria ha sido escasa, funcionando como sistemas paralelos, contrarios y excluyentes (o eras de educación especial o eras de educación ordinaria) Quizá ahora estemos pagando el no habernos interesado los unos por los otros. Pero, una vez se logre un acercamiento (superando esa timidez e inseguridad propias de las primeras citas), seguro que es el comienzo de una gran amistad…




martes, 30 de septiembre de 2014

En busca de una visión equilibrada

Es muy difícil mantener una visión equilibrada de las personas con discapacidad. Muchas veces, en positivo, nos dejamos llevar por esa idea de que las personas con discapacidad, independientemente de las múltiples variables que influyen, tienen siempre un gran afán de superación, valentía, resiliencia, aguante… Es evidente que muchas personas con discapacidad, desde edades tempranas, han tenido que superar grandes retos y probablemente sigan haciéndolo durante toda su vida (también sus familias). De ahí, ese halo de admiración que muchas veces sentimos al ver que, a pesar de la discapacidad, siguen adelante y logran grandes cosas. Muchas historias de logros de personas con discapacidad nos conmueven, precisamente porque sabemos que –para conseguir lo mismo- han tenido que hacer muchísimo más esfuerzo que otros.

Sin embargo, también es bueno reflexionar acerca de este tipo de creencias acerca de las personas con discapacidad como figuras extraordinarias… ¿Por qué? Algunas razones:

  • Porque quizá añada cierta presión. Tú eres valiente, tú puedes con todo, tú tienes afán de superación. Quizá a la persona con discapacidad (niño, adolescente, o adulto) le apetezca, de vez en cuando, no ser un héroe. No avanzar, no ser un ejemplo para todo. Quizá necesite también que le reconozcan que los héroes también fallan y fracasan de vez en cuando, sin sentirse culpables por ello. Si una persona con discapacidad no es una SUPERPERSONA no tiene por qué sentir que defrauda a nadie.
  • Porque no es bueno juzgar a una persona (en sentido positivo o negativo) sin antes conocerla. Porque tenemos que desterrar la idea de que las personas con discapacidad tienen exactamente todas las mismas experiencias. Su vida está definida por muchas otras más variables, y es mucho más compleja de lo que pensamos. La persona con discapacidad no es “una discapacitada”, a secas. La persona con discapacidad tiene un carácter, una familia, unas cualidades, unas preocupaciones, vivencias, intereses, gustos, etc., cuya definición no podemos encontrar en ningún libro sobre la discapacidad. Únicamente entenderemos esto si nos preocupamos por conocer a la persona. No puedo dar por supuesto que alguien es valiente y fuerte si no lo conozco. ¿Por qué va a ser diferente en el caso de la discapacidad?
  • Porque, a veces, parece que lograrán las cosas si su grado de esfuerzo es máximo y nos olvidamos de los esfuerzos que tenemos que hacer los demás. X fulanito llegará a estar en un colegio normal porque se esfuerza mucho. XX conseguirá hablar porque es super voluntarioso y se esfuerza todos los días…  ¿Por qué no cambiamos el discurso?:  X merece estar en un colegio normal, vamos a ver qué apoyos podemos darle. Quizá tengamos que aprender un nuevo método de comunicación para hablar con XX, ya que puede que no aprenda a hablar…  
  • Porque tiene que existir un equilibrio entre esfuerzo invertido y logro conseguido.  Porque tenemos que preguntarnos si vale la pena una vida vivida en continua lucha, en continuo sacrificio. ¿Y el tiempo para cometer errores? ¿El tiempo para ser uno más? ¿El tiempo para no tener que demostrar nada a nadie, sino simplemente ser uno mismo, con fallos y virtudes?
  • Porque, quizá, transmitimos a las personas con discapacidad la idea de que las valoraremos en la medida en que sean figuras extraordinarias. ¿Y qué pasa con las que no lo son? ¿Qué pasa con aquellas que se rinden? ¿Qué pasa con las personas que son perezosas o no son resilientes? (Sí, así es: existen personas con discapacidad vagas, poco trabajadoras, con escasa tolerancia a la frustración, egoístas... Incluso antipáticas, vanidosas, chantajistas...). La razón por la que debemos respetar, convivir y aceptar la diversidad no es porque puedan ser un ejemplo para nosotros (quizá sea un efecto secundario en determinadas ocasiones). Tenemos que convencernos de que las personas con discapacidad son iguales al resto y son -ante todo – PERSONAS con historias, vivencias y rasgos únicos, buenos y malos.


¿Qué pasa si uno no quiere ser extraordinario sino simplemente uno más? 


miércoles, 24 de septiembre de 2014

Inclusión: mensaje para "los otros" padres

Son muchos padres los que todavía se resisten a que sus hijos convivan en las aulas con niños con discapacidad, sobre todo si estas son severas, o visibles. Hace un tiempo una madre me contaba que, al proponer crear un aula de apoyo en el colegio ordinario de su hija, la respuesta que obtuvo (más o menos) fue: Esto no es un colegio de educación especial, si creamos el aula específica se nos llenaría. Y además el resto de padres se oponen. Tu hija ES de educación especial. Por situaciones como esta (sobre todo, por el impacto que estas experiencias tienen en la vida de los niños con discapacidad y sus familias), es importante formar y sensibilizar a toda la comunidad educativa sobre la inclusión. De ahí este mensaje para los padres de niños “normales” que aún creen que la discapacidad no merece el mismo lugar…

No tengas miedo de que haya un niño con discapacidad en la clase de tu hijo
  • La discapacidad no se “pega”, no se contagia. Puede que tu hijo imite algún comportamiento del niño con discapacidad, igual que puede imitar muchas otras conductas. Pero no te preocupes, no va a empezar a retroceder. Seguramente la discapacidad le llame la atención y eso dé lugar a conductas aparentemente extrañas (Yo también quiero hablar con un tablero como Fulanito, yo también quiero que me den de comer…).
  • Tu hijo va a aprender cosas muy valiosas. Piensa en ello. Cosas que no va a olvidar, aún con el paso de los años (no ocurre lo mismo con otros aprendizajes). Realmente, es más importante que tu hijo sepa tratar a las personas o sepa comprender que hay personas que necesitan más apoyos que, por ejemplo, sepa enumerar los órganos que forman el aparato digestivo (puede ser importante saberlos pero, ¿sabrías decirlos tú ahora?) En cambio, ciertos valores fundamentales para ser una PERSONA, con mayúsculas, las puede adquirir a partir del contacto con niños diversos.
  • Aunque los beneficios de la inclusión son grandes para tu hijo, recuerda que el objetivo es que el niño con discapacidad también aprenda. Es su derecho, tiene el mismo que el resto de niños a pesar de  no tener las mismas capacidades. Ponte en el lugar de esa familia: ¿cómo te sentirías si no pudieras elegir opción educativa para tu hijo? ¿Cómo te sentirías si el padre de otro niño dijera que tu hijo no merece, no puede, no es conveniente, no debe estar en un aula con otros niños? No pienses que porque no te haya tocado a ti, es menos importante…
  • El hecho de tener una discapacidad intelectual no quiere decir que esa persona no tenga otras fortalezas. Descúbrelas. Seguro que ese niño es mejor que tu hijo en algo (es un atleta estupendo, es divertido…).
  • El maestro preparado para atender a la diversidad es un mejor maestro. Por lo tanto, también lo será para tu hijo. Tiene más recursos, es más creativo, tiene más inquietud por mejorar, es más flexible, comprometido…  Si mejoramos la calidad de la enseñanza para los niños diferentes, la mejoraremos para todos.
  • Olvídate de la discapacidad y piensa que ese compañero de tu hijo es, ante todo, un  niño. Da igual que vaya en silla de ruedas, da igual que se le escape la baba, da igual que hable más despacio, da igual que tarde más en aprender… es un niño y comparte muchas cosas con tu propio hijo. Fíjate con atención y lo comprobarás.
  • Observa cómo tu hijo entiende y trata la discapacidad. Aprenderás la naturalidad con la que los niños conviven con el mundo y con otras personas diferentes. Fomenta esa naturalidad, también la curiosidad, y no eduques a tu hijo en los prejuicios y etiquetas.
  • A lo largo de los años, te encontrarás con muchos más niños y personas “especiales”, por muchos otros motivos. No dejar o no querer que estén en el aula es un error, es cerrar los ojos a la diversidad inevitable, que nos rodea.
  • Olvida de la distinción centro normal y “centro especial”, niño “normal” y niño especial. Tradicionalmente ha sido así pero el modelo en el que deberíamos movernos actualmente es el de la inclusión educativa. Todavía quedan muchas cosas por mejorar y por eso tienes dudas pero trabajando juntos, lo lograremos.
  • No pienses en metodologías tradicionales, las escuelas ya no son como antes –o no deberían-. No pienses en la vida escolar de tu hijo igual que si fuera la tuya. Las aulas no son homogéneas, la tecnología ha multiplicado las posibilidades, el conocimiento de la discapacidad, los medios técnicos y humanos es mayor, etc.
  • No olvides que hoy es el compañero de tu hijo pero mañana puede ser otra persona. No se aprende a convivir y entender la discapacidad si rechazamos tener trato con ella. Los niños no eligen tener una discapacidad. Tampoco sus familias. No les hagas sentir que, además, son culpables o molestan al resto de personas “normales”.
Las actitudes hacia las personas con discapacidad serán más positivas cuando tengas un contacto duradero, frecuente y satisfactorio con ellas ¡Si ahora son negativas, puedes cambiarlas! 

martes, 16 de septiembre de 2014

Creando cultura de diversidad


En la difícil tarea de lograr escuelas inclusivas, uno de los pasos fundamentales es generar una cultura de la diversidad. Las escuelas (profesores, alumnos, familias, comunidad educativa) tienen que valorar, apreciar, vivir la diversidad como un reto y no como una amenaza a su estabilidad. Muchos alegan que las escuelas no están preparadas para asumir la gran diversidad actual del alumnado. Pero esto, más que una excusa, debería ser el punto de partida para el cambio y la mejora. ¿Que no estamos preparados...? Entonces es momento de cambiar la educación, y no de hacer desaparecer, disfrazar o ignorar a tantos y tantos alumnos diversos…



Las siguientes ideas y actividades sirven para crear esta cultura de diversidad e inclusión. Se pueden llevar a cabo, adaptadas en cada caso, con grupos de formación de profesores, con familias, con los propios alumnos, con futuros profesionales de la educación, etc.
1. Describe ¿Qué significa para ti “ser normal”? Piensa, al menos, 4 sinónimos de este concepto. Prepara una breve intervención (de dos minutos) explicando este término. Puedes grabarte y enviarlo para verlo en el grupo, escenificarlo, contar una historia, etc. Explícalo como quieras y donde quieras.. 
2. Para el próximo encuentro o sesión, trae una foto o imagen que represente para ti el concepto de “diversidad”. Lo ideal es que tú mismo hagas la foto, con el móvil, y expliques por qué has escogido esa imagen, o momento. 
3. Durante una semana, presta atención a cuántas veces utilizas expresiones como “nosotros”, o “ellos, los otros”. ¿Cuándo las ha usado? ¿Quiénes son, para ti, “los otros”? ¿Cuáles son las diferencias que has mencionado? (Por ejemplo, nosotros los españoles somos… ellos –los extranjeros, los inmigrantes…). 
4. Fíjate también en cuántas veces, y en qué situaciones, describes a colectivos de manera general. ¿Has hablado de “los extranjeros, los adultos, los políticos, los ricos, los musulmanes, los pijos, las mujeres…”? 
5. Busca imágenes de “personas diferentes”. Explica, en el grupo, las razones de tu elección. ¿Por qué son diferentes? ¿Qué representan para ti esas diferencias? ¿Qué sentimientos o emociones te producen?

El objetivo es aprovechar las aportaciones de cada participante y generar discusión y reflexión compartida acerca de conceptos como diversidad, normalidad, igualdad, etc. Este tipo de actividades, sencillas y prácticas, contribuyen a que, poco a poco, se cree una cultura de respeto. Como siempre decimos en este blog, cambiar los valores y las creencias es lo que nos llevará a modificar las conductas. Así que, manos a la obra…