Mostrando entradas con la etiqueta Afrontamiento. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Afrontamiento. Mostrar todas las entradas

martes, 26 de mayo de 2015

"Mis hijos no son tontos ni feos"

Al trabajar con una familia con un niño con discapacidad, uno de los primeros pasos es conocer cómo perciben las dificultades de su hijo. La frase que encabeza este post nos muestra cómo, con frecuencia, es complicado integrar una discapacidad en la vida familiar; comprender verdaderamente las implicaciones de la diversidad de un hijo; y, sobre todo, asumir, las limitaciones impuestas por dicha discapacidad para centrarse en aquellos puntos que sí pueden mejorar.

Lejos de juzgar a las familias, es importante reflexionar acerca de los motivos que pueden llevar a unos padres a no aceptar, no querer comprender o incluso rechazar, o avergonzarse por la presencia de una discapacidad (Me dicen que mi hijo tiene autismo pero no es cierto, no cuadra con los criterios, miro a mi hijo, leo el diagnóstico y no me lo creo…). Pensemos en qué puede estar influyendo…
La visión negativa que socialmente predomina acerca de la discapacidad (asociada a la pena, el sufrimiento, el dolor, la enfermedad…) 
Lógicamente, si nos basamos en dicha visión es tremendamente duro aceptar que “eso” está sucediendo en mi familia. Que “eso” va a ser, de ahora en adelante, mi vida. Que “eso” es lo que vamos a tener que sufrir mi hijo y yo. 
La excesiva competitividad del sistema educativo y la preocupación por resultados. 
Se prevé que un niño con determinadas limitaciones no va a encajar en el sistema. Se intuye que, en cierto modo, la persona con discapacidad no va a seguir ese camino marcado para todos los demás. Por lo tanto, se niega la presencia de la discapacidad. No puede ser que mi hijo no esté hecho para este mundo… (¿Y si lo que no está hecho para tu hijo es, precisamente, este mundo?) 
Cierto sistema de valores que, ante todo, sitúa la independencia, el éxito, la autosuficiencia, el atractivo, etc. como medidas de éxito. 
Con frecuencia, pensar en metas como estas para definir una vida plena, hace que –cuando no se pueden alcanzar- nos quedemos sin visión de futuro. Si mi hijo no va a poder trabajar, o no va a poder tener su propia familia, o no va a poder ser ingeniero como yo, o no va a poder ir a la universidad, ¿qué me queda? ¿Qué le queda? 
El uso de conceptos, términos o explicaciones poco claras, confusas o excesivamente técnicas. 
Edad cronológica, edad mental, CI, desviación típica, WISC, criterios diagnósticos, TEA, síndrome, desarrollo, retraso psicomotor… Sumergir a las familias en una nube de conceptos que nunca antes habían escuchado, sin prepararlas para ello puede llevarlas a un bloqueo. Me hablaban del síndrome de mi hija y lo que único que pensaba es ¿eso quiere decir que tengo una hija retrasada? Quizá para el profesional ese niño sea un caso más de tal o cual discapacidad, pero para los padres es SU NIÑO. Su primer y único caso. Así que se merecen una explicación detallada, calmada, pausada y clara. 
La falta de profundización en los diagnósticos. 
No basta con dar un nombre, y explicar los síntomas o los tratamientos a grandes rasgos. A veces pensamos que una familia no quiere aceptar o se avergüenza de una determinada discapacidad y lo que ocurre es que no han comprendido bien qué significa, o no se les han mostrado las implicaciones. Existen diversas maneras de profundizar en esto y no siempre pasa por entregar un informe de 30 páginas (se pueden conocer a otras familias, se les puede presentar a otros padres, derivar a una asociación, investigar juntos, promover el movimiento asociativo, etc.). 
No comprender bien la causa o no exponer claramente a qué se debe la discapacidad. 
Los padres necesitan saber por qué les ha sucedido esto (si es que existen una causa definida). A veces, el miedo a descubrir una causa relacionada con algo que he hecho mal, o la propia confusión y mitos asociados con ciertas discapacidades, paraliza a las familias en esa búsqueda de significado. No voy a preguntar, no vaya a ser que mi hijo tenga TDAH porque fumé en el embarazo…  Había oído que las mujeres a partir de los 35 tienen más probabilidades de tener un hijo con síndrome de Down, seguro que piensan que soy una irresponsable... 
El temor a las reacciones de su contexto. 
Pena, compasión, aislamiento, falta de comprensión… Es algo a lo que las familias no quieren enfrentarse, sobre todo si perciben que en este camino están solas. ¿Cómo digo al mundo que mi hijo tiene una discapacidad? ¿Cómo lo comunico a la familia? Y cuando lo haga, ¿qué digo exactamente? ¿Cómo hago para no suscitar pena pero a la vez pedir apoyos?
Es duro de por sí aceptar una discapacidad, no hagamos el camino aún más difícil. No dejemos que se repita en boca de otra madre, o padre, la frase inicial del post: Mi hijos no son tontos ni feos. Apoyémosles para entender que tener una discapacidad no consiste en eso.  


lunes, 15 de diciembre de 2014

Familias diversas con experiencias comunes

Uno de los grandes errores a la hora de comprender cómo los padres perciben y viven la discapacidad de un hijo es dar por supuesto que todas las familias son iguales. Que todas las familias se van a deprimir, o que todas se van a convertir en superfamilias capaces de afrontar cualquier reto relacionado con la discapacidad. Puede que estas familias compartan ciertas características y, en su mayoría, vivan determinadas situaciones específicas (por ejemplo, desorientación inicial ante la llegada inesperada de la discapacidad, mayor necesidad de apoyo en etapas de transición, etc.). Pero, las familias con hijos con discapacidad son tan diversas entre ellas, como lo son todas las demás.



Uno de los aspectos que podemos examinar y que nos dará pistas sobre cómo las familias afrontarán determinadas situaciones es su percepción sobre la discapacidad. Todas aquellas creencias y actitudes hacia las dificultades de su hijo y la interpretación que de ellas hagan. Existen múltiples factores que influyen en cómo los padres entienden la discapacidad. Con frecuencia, nos olvidamos de muchos de ellos, centrándonos exclusivamente en la discapacidad en sí misma y dando por supuesto que el impacto en la familia es siempre el mismo…

Pero, el modo de vivir la discapacidad en la familia depende de variables diversas:

(1) Relacionadas con la propia discapacidad Existencia de problemas de conducta asociados a la discapacidad, severidad de la discapacidad, dificultades en la comunicación, tipo de discapacidad, representaciones sociales acerca de dicha discapacidad, tipo de apoyos o tratamientos requeridos, expectativas sobre el proceso de desarrollo y aprendizaje, etc.
(2) Relacionadas con los padres Estilos de afrontamiento personales, estabilidad emocional previa a la aparición de la discapacidad, locus de control interno (o externo), expectativas sobre el futuro, experiencias anteriores con la discapacidad, creencias (espiritualidad, trascendencia…), grado de cohesión familiar, presencia de otras exigencias personales o familiares (por ejemplo, enfermedad de uno de los padres), atribuciones sobre la discapacidad (Como no me cuidé en el embarazo mi hijo ha nacido con dificultades; Dios me ha regalado este hijo; Fue un fallo médico lo que provocó la discapacidad, estoy seguro; Ha sido causalidad, a mucha gente nos toca…), etc.                 
(3) Relacionadas con el contexto Entorno socioeducativo, disponibilidad de recursos en la comunidad, redes de apoyo (previas o generadas a raíz de la discapacidad), accesibilidad a información certera y comprensible, situación socioeconómica, relación con la familia extensa, etc.          
(4) Relacionadas con el enfoque de los profesionales Grado de participación de los padres en los servicios, tipo de información brindada a las familias, coordinación entre diversos profesionales, capacitación de los padres, relaciones colaborativas (y no jerárquicas), reconocimiento de los aspectos positivos (fortalezas de los padres e impacto positivo de la discapacidad), impulso de relaciones entre familias (generar redes de apoyo informales), etc.
Al trabajar con familias, sobre todo durante las primeras etapas, es de utilidad recabar información sobre cada uno de estos aspectos. Solo así es posible darse cuenta de que el dato aislado de: “tener un hijo con discapacidad”, apenas nos dice nada sobre una familia.