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miércoles, 23 de octubre de 2013

¿Qué opinan los padres?


Es poco eficaz trabajar la autodeterminación con las personas con discapacidad intelectual sin preguntarnos cómo se vive este derecho, esta meta, este deseo, en su entorno más cercano. Por eso, es vital preguntarnos: ¿Qué opinan los padres y madres acerca del derecho a la autodeterminación de sus hijos/as? 
Algunas pinceladas (comentarios de un grupo de padres y madres reales, con historias reales…)

Pictograma de Arasaac "Familia"

#1. Entienden la autodeterminación como autonomía o autosuficiencia física (que mi hijo coma solo, se vista solo, se asee solo, se le pueda llevar a cualquier sitio…). Para muchas familias, la autodeterminación es igual a independencia “funcional”. Sin ser del todo equivocado, sí que es una visión sesgada que dificulta el logro de la autodeterminación en personas con serias dificultades.

#2. A los padres y madres les resulta más sencillo comprender la idea de “autodeterminación”, de “derecho”, a un nivel colectivo, de forma genérica. Cuando se centran en la autodeterminación de sus hijos, encuentran que es algo complejo y alejado de la realidad. Evidentemente, ningún padre cree que su hijo no tenga derecho a la autodeterminación pero sí dudan de la viabilidad de este aspecto.
Me suena raro. Quiero decir, mi hijo es muy difícil que a lo largo de su vida llegue a tener  algún tipo de estas palabras que estás utilizando. Me suena alejado de la realidad, porque mi hijo será dependiente toda su vida, y un gran dependiente además. ¿Derechos? Sí, como todo ser humano, y su madre se los daría todos, pero yo ese sueño no lo tengo, en eso trabajamos, pero vamos, hasta donde lleguemos.
#3. Las percepciones sobre la autodeterminación están íntimamente relacionadas con la severidad de la discapacidad. Se confirma la creencia de algunos padres según la cual, cuanto mayor es la discapacidad, menos importante es la autodeterminación.
Con la discapacidad tan severa que tiene mi hijo, la autodeterminación me suena a chino, totalmente alejado de la realidad. Es que por las características de S., es que es dependiente para todo, no tiene capacidad de decisión. O sea, no puede decidir en su vida nada. No puede gestionar su vida, no puede.
#4. Sí que es cierto que, cuando la discapacidad es menor, aparecen otro tipo de factores como la escasez de apoyos, de oportunidades, la desconsideración de los objetivos y necesidades propias de la persona. 
Tiene derecho pero muchas veces, como tiene una discapacidad, no se le da la oportunidad de demostrar todo lo que puede hacer. Se desconfía mucho de ellos… Y faltan muchos apoyos, a nivel educativo, a nivel de vivienda, de trabajo… De todo. Por eso pedimos por ellos, los que estamos en posición de defenderlos. Porque aún no son igual que el resto. Muchas veces se les trata como a ovejas.
#5. Por otra parte, muchos padres realizan también un ejercicio de autocrítica, siendo conscientes de la sobreprotección que, a veces, brindan a sus hijos, dificultando así el aprendizaje de aspectos elementales como la toma de decisiones, la comprensión de sus propios derechos... Son conscientes de su papel fundamental en el apoyo a la autodeterminación de la persona con discapacidad pero reconocen lo difícil de esta tarea.
Yo creo que a vece es más la dependencia que nosotros tenemos hacia ellos que al revés. Como digo yo, los llevamos en el bolsillo. Y ahí tenemos un gran trabajo los padres por delante. Con el tiempo yo me pregunto, ¿respeto la vida que ella quiere?, ¿o trato de que sea feliz según mis preferencias? Me cuesta mucho soltar, y dejarle que ella viva a su manera.
#6. De manera general, es una constante la falta de confianza de los padres en la posibilidad de que sus hijos asuman el control. Las familias persisten en una visión de sus hijos como seres indefensos, que necesitan una protección y un cuidado constante. Y asumen que ellas, como familias, deben centrarse más en el cuidado y no tanto en metas relacionadas con la autodeterminación, autonomía… (términos que asocian más bien con un entorno escolar o profesional). En ese sentido, reclaman una mayor comprensión -y empatía- de su situación, de sus vivencias y de sus roles en el proceso de cuidado, educación y atención de la persona con discapacidad.
Es que como profesional es muy fácil decirlo, pero la vida en una casa no es como en un centro. Yo no puedo estar media hora para que se ponga los zapatos, y en el colegio sí lo hacen. Entiendo que es su papel, y espero que sigan haciéndolo… pero cuando me dicen esas teorías, yo pienso “si estuvieras en mi casa, se te desmontan en dos segundos”.
Conocer mejor a las familias, saber qué es lo piensan y, sobretodo, comprobar si se mueven o no en la misma cultura de autodeterminación que los profesionales, nos ayudará a planificar mejor las metas de trabajo. Porque promover la autodeterminación de las personas con discapacidad es una tarea compartida por todos, no repartida entre unos pocos.

domingo, 28 de abril de 2013

Pasos para evitar que su hijo se convierta en alguien autodeterminado...


Después de cierto tiempo viendo qué cosas puede hacer un padre / madre para apoyar la autodeterminación de su hijo con discapacidad intelectual, cambiamos la perspectiva. Aquí dejo un listado de ideas sobre cómo convertir a la persona en alguien dependiente y con poco control sobre su vida. Porque saber qué no tenemos que hacer, también es útil…

Evita, por todos los medios, que se equivoque. Si hace falta, no dejes que se implique en tareas difíciles, toma las decisiones por él y no permitas que corra ningún riesgo.

Protégele de cualquier frustración. Ante todo, valora que esté tranquilo, sin preocuparse por nada, ajeno a los problemas.

Dile que es importante que exprese su opinión pero luego no le escuches cuando participe en las conversaciones, no tengas en cuenta sus aportaciones o no le permitas que muestre su enfado o desacuerdo con tus ideas.

Evita que asuma cualquier responsabilidad en casa. No le asignes tareas para hacer, ni siquiera que sean adecuadas a sus capacidades. Cuantas menos cosas haga, mejor (no dejes que se haga la cama, ni que ponga la mesa, ni que ordene su habitación…). Repítete a ti mismo que “para que lo haga mal, mejor lo hago yo…”

Ante todo, es importante que no se hable de discapacidad en casa (y mucho menos delante de tu hijo). Si te pregunta, miéntele o cambia de tema. Si se cuestiona por qué es diferente, no le menciones su discapacidad.

Céntrate únicamente en los resultados, no valores los esfuerzos de tu hijo para realizar una actividad. Si no consigue el objetivo final, no le felicites, ni premies el proceso. Apunta esta actividad en tu lista mental de “cosas que no puede hacer mi hijo….”

No dejes que tu hijo interactúe con otras personas, sobre todo fuera del entorno familiar. Si estáis en una tienda, no le dejes pedir a él, si alguien le pregunta cómo está, responde por él, si otros le saludan, responde tú…

Exígele a tu hijo cosas que no puede conseguir o excesivamente difíciles para él (por ejemplo, no ensuciarse al comer, o permanecer quieto durante 2 horas en un cine, o hacer la cama sin dejar arrugas en la sábana) pero sigue sustituyéndole en tareas como elegir su ropa, peinarse, decidir cómo pasar el tiempo.

No le dejes tomar decisiones, no está preparado, no sabe, se va a equivocar, tú sabes qué le conviene, tú le conoces bien, no sabe lo qué quiere… No hagas caso a quién diga lo contrario, la sobreprotección es tu máxima. 

Intenta que sea “normal”. Muestra tolerancia cero hacia conductas que te parecen absurdas o poco normalizadas. Por ejemplo, guardar los azucarillos de las cafeterías en una caja, o dejarse en pan para el final en cada comida… Mientras tanto favorece otras actividades o conductas infantiles (en su manera de vestir, en sus juguetes, en la manera de hablarle…). Repite una y otra vez, que tu hijo será siempre como un niño.

Finalmente, convéncete de que tu hijo no necesita mucho para ser feliz. Porque, al fin y al cabo, no se da cuenta de nada. Y, porque aunque digan lo contrario, no es como los demás…




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jueves, 28 de febrero de 2013

Razones para la sobreprotección


Si queremos que las familias sean un apoyo eficaz para la autonomía y autodeterminación de sus hijos con discapacidad intelectual, una de las primeras tareas consiste en analizar las dificultades que encuentran para llevar a cabo esta misión. 

La imagen que acompaña esta entrada recoge algunas de ellas.

¿Por qué los padres y madres no dejan elegir a sus hijos con discapacidad? ¿Por qué les sobreprotegen? ¿Qué barreras encuentran para promover su autonomía? ¿Cómo limita el entorno familiar la independencia de la persona con discapacidad? ¿Con qué están relacionadas estas limitaciones?