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martes, 24 de febrero de 2015

Por qué tener una discapacidad no es igual a estar enfermo

El modelo social de la discapacidad es uno de los conceptos fundamentales que, durante los últimos años, se viene difundiendo.  Una de las premisas básicas de este modelo es que las dificultades –asociadas a la discapacidad- son fruto de la interacción entre características personales + condiciones del entorno. Sin embargo, con demasiada frecuencia, seguimos contemplado la discapacidad desde un modelo médico, centrado en el déficit aislado de la persona.  Y, una de las consecuencias, es considerar que tener una discapacidad es como “estar enfermo”. Pero, comparemos, por ejemplo, tener una discapacidad con sufrir un terrible dolor de cabeza.
Cuando me duele la cabeza, entiendo que el mal sufrido es temporal. Por eso, quiero recuperarme, volver a ser como antes, eliminar esa nueva realidad; cosa que sucederá porque, en algún momento, desaparecerá el dolor. La discapacidad, en cambio, es un estado permanente. Entonces, ¿por qué todos esos intentos de que la persona se “vuelva normal”? ¿Por qué la obsesión de que se “parezca a los demás”? ¿Por qué ese énfasis en que la persona “esté preparada” para su inclusión? ¿Por qué nos resistimos a prepararnos los demás para convivir con ella?
Ante una enfermedad, los médicos recetan determinados tratamientos que son “funcionales”. Es decir, ayudan a la recuperación. Hacen que la persona vuelva a ser como antes. En el caso de la discapacidad, aunque no existe una cura, con frecuencia tenemos la sensación de que a más tratamientos, menos discapacidad. Sin restar importancia a los beneficios de determinadas terapias, infravaloramos el papel de los apoyos. Es decir, quizá no sea conveniente invertir millones de horas en que un niño con una discapacidad severa aprenda a hablar. Quizá sea más eficaz, dedicar otras tantas a conseguir un método de comunicación funcional que respete sus limitaciones y potencie sus habilidades. ¿Por qué no adaptarnos los demás a esa nueva forma de comunicación?
No aceptamos la enfermedad porque, de alguna manera, vemos que es “antinatural”. No podemos llevar a cabo nuestra vida de manera ordinaria, dejamos de hacer cosas porque nos lo imposibilita el dolor… Y nos resignamos porque vemos que es una situación transitoria. La discapacidad forma parte de la “manera de ser” de algunas personas y, para ellas, eso es lo natural. No es un estado especial, no es transitorio, no es excepcional. Y repetimos otra vez el mantra de KatieSnow: Disability is Natural.  Y, aun así, no la aceptamos, obsesionados con que algún día, por alguna razón, desaparecerá o, en cualquier caso, algún día quizá se note menos.
Una enfermedad despierta inmediatamente en los demás un deseo de cuidado. La persona está mal, no puede valerse por sí misma y necesita ayuda en un determinado momento. Protegemos a la persona enferma: si alguien está mareado no le dejamos conducir. Si está con fiebre, le arropamos. Si se tuerce un tobillo le ayudamos a caminar. Una persona con discapacidad no necesita ser protegida permanentemente, ni vivir en una urna de cristal, aislada de los peligros del mundo (léase centros especiales, sociedades especiales, colegios especiales…). Una persona con discapacidad debe participar en la vida de la sociedad (de las escuelas, de los barrios, de la familia…).
Resulta curioso, por otra parte, que ante una enfermedad (con excepciones) no realizamos juicios de valor sobre la persona, ni sobre su dignidad. Nadie cuestiona mi potencial, o mi capacidad para llevar una vida plena por un dolor de cabeza. Nadie me margina o segrega por esta razón. Sin embargo, la discapacidad parece ser una razón suficiente para que todos, incluso sin conocer a la persona, hagamos valoraciones, juicios y sentencias sobre su vida.
Es un tema complejo que seguramente necesite de una reflexión mayor pero, de momento, basta con una idea: Las personas solo tenemos una vida. Y, a veces, hay que vivirla con discapacidad.
Que no cunda el pánico.




martes, 26 de agosto de 2014

Cambio de modelo: de pensarlo a vivirlo

En alguna otra ocasión, hemos hablado del Modelo Social acerca de la discapacidad; modelo actual que trata de dar un giro a la visión tradicional de este colectivo. El cambio de modelo no es solamente una evolución conceptual, que aparezca en los libros y que solo preocupe a expertos en la materia o teóricos. La evolución en la manera de entender la discapacidad necesariamente conlleva (o debería conllevar) cambios en el día a día de las personas. En la manera que tenemos de tratar a una persona con discapacidad, de comunicarnos con ella, de apoyarla, de comprenderla, de escucharla…

Veamos algunos de estos cambios…  

Modelo rehabilitador (“tradicional”)
Modelo social
(actual)
  • La persona es discapacitada (todo su SER es menos válido, incompleto, deficitario)

  • La persona tiene una discapacidad (la discapacidad no representa todo lo que la persona ES)

  • La persona no accede a muchas actividades, entornos y tareas porque no puede

  • La persona no accede a muchas actividades, entornos y tareas porque no le damos la oportunidad

  • Cuando la persona se rehabilite se integrará

  • La persona forma parte de la sociedad y tiene derecho a participar en ella

  • Es necesario un tratamiento (fundamentalmente, médico) que elimine o cure la discapacidad

  • Es necesario un tratamiento (en su sentido amplio: educativo, médico, social) para que la persona maximice sus capacidades

  • La discapacidad es algo vergonzoso, trágico, oscuro, tremendamente depresivo

  • La discapacidad es una barrera pero no condiciona una vida

  • La persona tiene problemas internos que hacen que no pueda avanzar

  • La persona se enfrenta a barreras individuales y del contexto que hacen que vaya más despacio

  • O cambiamos a la persona, no ésta no puede ser feliz

  • O cambiamos el contexto y la sociedad o la persona no puede ser feliz

  • La discapacidad es un asunto individual, en todo caso familiar (que afecta solamente a quien la padece)

  • La discapacidad es un asunto social, que debería preocuparnos a todos

  • La discapacidad –física o psicológica- es la mayor barrera para la persona

  • Las actitudes negativas, de exclusión y marginación, por parte del entorno, son las mayores barreras para la persona

  • Las personas con discapacidad son “innecesarias”, mejor que estén en contextos apartados, sin que molesten demasiado.

  • Las personas con discapacidad, como cualquier otra, son un valor para la sociedad. Mejor descubrir qué pueden aportar

  • La persona con discapacidad será válida en la medida en que se acerque a la norma (debe “parecer normal” o “funcionar normalmente”)

  • La persona con discapacidad es válida tal como es

  • A las personas con discapacidad hay que protegerlas

  • A las personas con discapacidad hay que apoyarlas en su derecho a vivir su vida

  • Los demás sabemos qué es lo mejor para las personas con discapacidad

  • Las personas con discapacidad tienen su propia visión acerca de lo mejor para ellas

  • Las personas con discapacidad encajan en ciertas categorías, cada una de las cuales define un modo específico de ser

  • Las personas con discapacidad, como todas las demás, son únicas

  • La persona con discapacidad necesita rehabilitación, por encima de todo

  • La persona con discapacidad, sobre todo, necesita apoyos


A este listado se podrían añadir otras muchas más ideas… Lo fácil es escribir las nuevas actitudes y valores acerca de la discapacidad. Pero el verdadero cambio depende de si somos capaces, o no, de vivirlos. ¿Te atreves? 





lunes, 14 de abril de 2014

El modelo social de la discapacidad, para que todos podamos entenderlo...

Se habla mucho del cambio de un modelo rehabilitador, individualista, a un modelo social. Pero, a pesar de que teóricamente esta evolución en el modelo de la discapacidad está ampliamente aceptada, no ocurre lo mismo a pie de calle... Así que trataré de explicar, de manera sencilla, algunas de las ideas que implica pasar de un modelo a otro...

Urge cambiar de mentalidad, no hay que enseñar a las personas con discapacidad a integrarse en la sociedad. Hay que enseñar a la sociedad  a tolerar, apoyar, comprender, valorar y aceptar a las personas con discapacidad. Y a las personas con discapacidad, como al resto, apoyarles para que desarrollen al máximo sus cualidades. Pero no para que puedan "integrarse", sino para que tengan calidad de vida, como todos. No para adaptarse a una sociedad que, con frecuencia, es injusta, complicada, cruel, deficitaria... si no para ser felices. Y, de paso, cambiar esa sociedad en la que están.

No es que yo, persona con todas mis capacidades al máximo (supuestamente) sea generosa y te permita entrar a tí -persona con discapacidad-  y participar de mi sociedad. Es que las personas con discapacidad son tan dueñas de la sociedad como el resto. Y si esa sociedad no está preparada para la discapacidad, entonces habrá que modificarla.

Las personas con discapacidad, como todas, aprenden. Las personas con discapacidad, como todas, tienen limitaciones. Limitaciones que no se curan, que no desaparecen con el tiempo (algunas) y que, incluso, se hacen más severas con el paso de los años. Pero las personas con discapacidad también se encuentran con obstáculos en sus vidas que no deberían. Se encuentran con barreras que dificultan su aprendizaje y desarrollo, ya de por sí complejo. Barreras físicas, cognitivas, sociales, etc. Barreras que, demostradísimo está aunque muchos no lo crean, son más "discapacitantes" que la propia discapacidad inherente a la persona. Sin embargo seguimos cometiendo el error de atribuir todos los fracasos e "inadaptaciones" de las personas a su "síndrome, deterioro, incapacidad cognitiva, conducta desadaptativa…” Y seguimos repitiendo una y mil veces: No aprende porque tiene discapacidad intelectual, no me atiende porque es hiperactivo, no se adapta a la sociedad porque es autista... Como si, a fuerza de repetirlo, esa discapacidad intelectual, esa hiperactividad, ese síndrome, fuera a desaparecer y, así, allanarnos el camino.

No podemos esconder, curar, disfrazar, eliminar, obviar, la discapacidad. Sí podemos apoyar a la persona a desarrollar habilidades (funcionales) que le sirvan para manejarse en igualdad de condiciones que el resto, en su vida diaria. Pero no se trata de convertir a las personas con discapacidad en superhéroes/heroínas capaces de combatir contra una sociedad mal hecha. Se trata de adaptar el contexto a la diversidad inevitable de los seres que forman parte de ella. Y se trata de aceptar que sí, que hay personas con discapacidad, que tienen "fallos", personas que son lentas, que no saben leer, que no comprenden mensajes complejos, que necesitan apoyos para muchas de las actividades de su vida diaria, que son frágiles, que se mueven con torpeza y más despacio, que no son (tan) productivas como muchos otros, que no están hechas para la competitividad extrema... Y de aceptar que sí, que con todo ello, son personas igual que el resto, sin que su discapacidad les robe una pizca de dignidad, derechos, y humanidad. Y que  sí, las personas con discapacidad también tienen cualidades maravillosas que, en muchos casos, se quedan sin descubrir por la torpeza de los que nos creemos más listos y más válidos.

Lo que no puede ser es que ante la discapacidad - y ante una sociedad que tiene mucho por mejorar - pensemos mala suerte, no vamos a cambiar todo por que existan discapacitados, tendrán que aceptar lo que les ha tocado. Cierto es que tendrán que aceptar la discapacidad, pero ¿cómo no cambiar algo que no funciona, aunque sea por el bien de una sola persona? ¿Cómo no vamos a cambiar una sociedad preparada únicamente para los más capaces, los más rápidos, los más formados, los más inteligentes, los más avanzados, los más ricos…? Realmente, si uno lo piensa bien, esa es una sociedad bastante “discapacitada”…

Hasta que no veamos a las personas con discapacidad como seres humanos exactamente igual que el resto (exactamente igual que nosotros mismos), en cuanto a dignidad, no lograremos hacer que el modelo social -tan alabado teóricamente- pase de ser un deseo sobre el papel a una realidad. Y es una pena porque, mientras tanto, muchas personas no viven la vida que merecen...

Autores de las fotografías (INICO, concurso de Fotografía Digital): 
Foto 1: Manuel López 
Foto 2: Natalia Casado 
Foto 3: Javier Arcenillas