Enterarse de que un conocido /
familiar ha tenido un hijo con discapacidad (o ha recibido un diagnóstico de
discapacidad) es algo, para la mayoría, incómodo e inesperado. Para los padres,
es un momento especialmente sensible en
el que una palabra de más puede desencadenar sentimientos, emociones y
reacciones negativas. Sin embargo, no existe ninguna regla de oro sobre cómo reaccionar o qué decir. Por eso, los puntos siguientes no deben tomarse como una receta efectiva al 100%. Son
muchas las variables que influyen en cómo una familia recibe, asume y vive, un
diagnóstico de discapacidad. Aún con todo, existen ciertos comentarios como los
siguientes que, la mayoría de veces, conviene evitar. O, al menos, pensárselo
dos veces antes de soltarlos…

Huy, pues yo conozco a un chaval como tu hijo y ha
estudiado y todo. Hasta está trabajando ahora
y tan normal. El hijo de uno no es sustituible por otro. Es
decir, que alguien que tiene la misma discapacidad haya conseguido ciertas
cosas no quiere decir que su hijo lo vaya a hacer. La discapacidad es solo un rasgo en común. No es que sean de una misma especie, o algo así; no es que sus vidas
vayan a ser paralelas, ni se vayan a parecer en lo más mínimo. O sí, pero no lo
sabemos.
Pues yo vi uno por la tele que incluso estaba en la
universidad / ha tenido hijos / vive solo… Esta es una versión extrema del
comentario anterior que, a veces, hacemos en un afán de positividad, por destacar las mejoras que percibimos en torno a la discapacidad. Esto es ir ya demasiado lejos:
- primero, porque no conoces el pronóstico ni
características de la discapacidad;
- segundo, porque si el niño es pequeño pensar en
la universidad, en tener hijos o comprarse una casa son objetivos a largo plazo
que ahora mismo probablemente no ocupen la mente de los padres
- tercero, porque este tipo de metas (relacionadas
con el ser adulto) no tienen por qué
ser medidas de éxito personal, ni felicidad, para todas las personas
- cuarto
porque, en el caso de la discapacidad intelectual, alguien que estudia una
carrera universitaria, o tiene hijos, es un ejemplo de vida bastante alejado de
la mayoría de los casos (aunque, de hecho, existan).
Oye, no te preocupes. Si luego tienes un hijo normal y le
puede pasar cualquier cosa. Fíjate, Fulanito que tiene un hijo drogadicto. O
Menganito se cayó de un columpio y se ha quedado tocado. Nunca se sabe. El
hecho de que todavía te pueda pasar algo peor no es ningún consuelo. Además,
gracias por recordar que, además de tener un hijo con discapacidad, la vida
seguro te guarda alguna sorpresa más (¿o uno se libra ya de otras adversidades
por haber sido tocado con una discapacidad?). Por otra parte, esas
circunstancias (por ejemplo, tener un hijo con una adicción) tampoco se parecen en nada a la discapacidad y, por
lo tanto, no se perciben como un alivio sino como algo totalmente inconexo que
nada tiene que ver con la realidad de la familia. También nos podemos arriesgar
a que esa misma familia, además de la discapacidad, se encuentre afrontando
otro tipo de adversidad (una enfermedad, una situación de paro… Sería mucha
casualidad, pero imagínate por un momento que tienen un familiar,
efectivamente, drogadicto…!). Finalmente, no es una buena idea hablar de los (supuestos) niños "normales" y su hijo...
Piensa que estos niños solo vienen a familias especiales,
algo debéis tener para que haya llegado a vosotros este niño. En el fondo,
sois afortunados. Con nadie podía estar mejor. Poco que decir, en
este caso. Seguro que esa familia no quiere sentirse especial, recuerda que
ellos no han elegido la discapacidad, nada de lo que han hecho ha “atraído” la
discapacidad a sus vidas. Si todavía se encuentran buscando una causa puede que
pensamientos como este les generen cierta culpabilidad o impotencia (No quiero ser especial, quiero ser normal.
No quiero ser bendecido con una discapacidad. Si esto es un regalo, ¿por qué no
lo quieren los demás?).
De esto siempre se aprende mucho, ya verás cómo das las
gracias al final por haber tenido un hijo con discapacidad. Lo dicen todos, que te enseña una nueva
manera de ver la vida. Y eso es una bendición, lo mires como lo mires. Efectivamente, la mayoría de los
padres reconocen con el tiempo que tener un hijo con determinadas dificultades
les ha aportado enseñanzas muy valiosas. Pero, déjales que lo descubran por sí
solos. Las adversidades, con frecuencia, nos sirven para aprender pero eso no
quiere decir que no podamos sentirnos tristes, o angustiados ante una dificultad. Con el tiempo, y
dependiendo de muchos factores, la propia familia irá descubriendo ese valor
añadido. Además, si no has vivido “en tus carnes” aquello por lo que están
pasando, ¿cómo sabes que esto es así?
Y, ¿cómo no te dijeron nada en el embarazo? ¿No te
hiciste ninguna prueba? ¿No notaste algo extraño? Es que es tan raro que así de
repente… Los médicos, algo tendrían que haberte avisado, digo yo… Buscar
causas, explicaciones, etc. puede que no sea tu papel. Y menos si centras
tu atención en lo que ha hecho o ha
dejado de hacer, la madre o el padre. De cualquier manera, ya no hay marcha
atrás. Preguntas excesivamente intrusivas (¿no
te hiciste ninguna prueba?), además de invadir la intimidad de la pareja, pueden
dañar sus sentimientos. (¿Y si, aun habiéndose hecho una prueba, decidieron
seguir adelante?, ¿y si no hay ninguna explicación más que el azar?, ¿y si les
ha costado un mundo tener un hijo…?)
Mira, piensa que así tienes un hijo para toda la vida.
Siempre vas a tener compañía. Es como si fuera un niño para siempre, ¿tú sabes la
alegría que da eso? Nunca vas a estar solo/a… ¿Es que alguien tiene
hijos para tener compañía eterna?
Pero él es feliz, quédate con eso. Si no se entera de
nada, ya ves que con cualquier cosa se entretiene, no te da mayores problemas,
puede ir a cualquier sitio. Hay otros que son insoportables, que ni se les
puede sacar de casa… Imagínate… De nuevo, volver a recordar que
todavía podría ser peor (es decir, podría
ser un infeliz, podría ser violento, podría ser problemático, podría estar
enfermo…), no es ningún consuelo. Además, se alimenta la creencia errónea
de que una persona con discapacidad se conforma con poco.
Oye, pero esto igual con el tiempo se cura ¿no? Que los
médicos ya sabes, se suelen equivocar. Lo mismo dentro de unos años, sale algo
que lo arregla. Aunque a todos nos gustaría que -en algún momento de la historia- surja una cura para las discapacidad, de
momento, es bastante improbable.
Comentarios tan alejados de la realidad, tan poco centrados en comprender su
situación actual, no añaden nada. Quizá no molesten pero, desde luego, no van a
suponer ningún apoyo efectivo.
Aunque parezca raro en un mundo lleno de ruidos, opiniones, conversaciones y discusiones, recuerda que, a veces, no hace falta decir nada. A veces,
sobran las explicaciones. A veces, no queremos que nadie interprete por lo que
estamos pasando.
A veces, acompañar a las personas es simplemente ir a su
lado.