viernes, 4 de octubre de 2013

Ser uno mismo... Y dejar que el otro sea el otro...


Apoyar a la persona con discapacidad intelectual para que mejore sus habilidades de autodeterminación no es una tarea fácil. Sin embargo, las consecuencias son muy positivas para la persona con discapacidad, para su familia y para todos los que conviven con ella. Educar a la persona con discapacidad en libertad es un gran logro –igual que sucede con el resto de personas. Los padres no pueden asumir la responsabilidad total de la vida de sus hijos. Cuando deciden por ellos, hablan por ellos, eligen por ellos y opinan por ellos, también les “roban” su capacidad para disfrutar, para ser felices, para conocerse a sí mismos y para tener relaciones significativas con los demás, entre otras cosas. Las familias no deben abandonar sus propios intereses y preocupaciones por las su hijo. Es un error hipotecar la vida familiar por la de la persona con discapacidad.

Porque enseñar a la persona con discapacidad intelectual a vivir su propia vida, comienza con un paso: hacer lo mismo.

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