sábado, 31 de agosto de 2013

El mundo en sus manos


La vida de Helen Keller es sorprendente, igual que lo son todos sus escritos en los que transmite su peculiar forma de percibir y relacionarse con su entorno. Durante las primeras páginas de su obra El mundo en el que vivo, Helen se dedica a hablar de sus manos…

Mi mano es para mí lo que el oído y la vista son para vosotros. Viajamos por las mismas carreteras, leemos los mismos libros, hablamos el mismo idioma, y si embargo nuestras experiencias son distintas. Todas mis actividades giran sobre mi mano  como sobre un eje. La mano es lo que me une al mundo de los hombres y de las mujeres. La mano es mi antena, con ella salgo del aislamiento y de la oscuridad, y aprovecho cada placer, cada actividad que mis dedos encuentran a su paso. Con una simple palabra que la mano de otra persona dejó caer en mi mano, un leve movimiento de los dedos, empezó la inteligencia, la alegría y la plenitud de mi existencia.

La vida de Helen Keller fue un tiempo soledad y vacío, hasta que Anne Sullivan decidió poner el mundo en sus manos. Y esa es, realmente, la tarea de todos los educadores: hacer del conocimiento, la belleza, el placer, la naturaleza…  elementos accesibles para aquellos que, como Helen, parecían destinados a no disfrutar de éste, el mundo en el que viven. 


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