viernes, 7 de junio de 2013

¿La vida perfecta...?

Muchos padres y madres de personas con discapacidad intelectual afirman que esta situación (la llegada de una persona diferente), les ha enseñado, sobre todo, a valorar las cosas realmente importantes de la vida. A disfrutar con pequeñas -grandes- alegrías y logros. A no dejarse llevar por deseos de falsa felicidad que son los que, en parte, dirigen a muchas personas.
La ambición económica, el éxito profesional, la belleza física, la productividad, la independencia más absoluta, el hacer siempre, y en todo lugar, lo que a uno le apetece...
Con frecuencia se dice que, ante el nacimiento de un niño con discapacidad, los padres pasan por una etapa de duelo, motivada por la pérdida del hijo soñado. Su visión de un niño “perfecto”, dicen, debe ser sustituida por la de su hijo con dificultades. El gran descubrimiento que los padres hacen, conforme superan esta crisis inicial, es que ese niño recién llegado –con todas y cada una de sus dificultades- no es el niño equivocado. Se dan cuenta que lo erróneo era su definición de la vida perfecta, del hijo perfecto. Y así comienzan a apreciar el valor de detalles que para otros pasan desapercibidos. Y mientras el resto del mundo sigue moviéndose al son de ambiciones y deseos extraños, ellos pasean al ritmo de la discapacidad.

Y entienden que no se trata de cambiar la vida para alcanzar la "perfección" sino de encontrar la perfección en la vida que tenemos. 


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