domingo, 20 de enero de 2013

Cómo asegurar oportunidades para elegir

La elección es una de las claves para lograr la calidad de vida de las personas con discapacidad intelectual. En el proceso de realizar elecciones hay dos pasos básicos: tener oportunidad para hacer elecciones y tomar decisiones a partir de esa oportunidad. Muchas personas con discapacidad no están acostumbradas todavía a que se les anime y se les permita hacer elecciones y, como consecuencia, les cuesta mucho imaginarse en situaciones nuevas, identificar sus preferencias, transmitir sus deseos, etc. A pesar de la complejidad, este es un proceso que, poco a poco, se puede ir trabajando en el ámbito familiar. 


Algunas cuestiones a tener en cuenta 
> Es importante crear entornos poco restrictivos, en los que la persona con discapacidad se sienta con libertad y confianza para realizar elecciones. Apoyar a su hijo para que sea autodeterminado implica que los padres crean y tengan esperanza en el cambio. 
> Para tomar decisiones y realizar elecciones es necesario una mínima capacidad (iniciativa, capacidad para comunicarse…). Estas competencias varían mucho en función de la naturaleza de la discapacidad y de una compleja combinación entre características personales y ambientales. 
> La elección es un proceso que puede ser aplicado en multitud de situaciones y experiencias de la vida diaria: qué beber, con quién salir, con quién compartir la habitación, cómo decorar la casa, cómo vestir, qué tarea hacer antes y qué tarea después. 
> Además, la elección puede adoptar varias formas. Puede ser individual, tomada por dos personas, consensuada en grupo… Puede afectar a un área importante para la vida de la persona o no. Puede ser una elección simple, o compleja. Puede consistir en decidir un elemento u otro, o en seleccionar entre varias opciones. 
> En cualquier caso, el proceso siempre es el mismo: partir del nivel de la persona y, poco a poco, introducir elecciones más complejas y más apoyos. 
> Las oportunidades tienen que ser “familiares” para la persona con discapacidad, especialmente cuando no está acostumbrada a tomar decisiones por sí misma. 
> Hay que estar especialmente atento a posibles fallos que cometemos con la persona con discapacidad: pensar que conocemos todos sus deseos y elegir por ella; “perpetuar” sus gustos y preferencias sin concienciarnos de que pueden cambiar con el tiempo; no informarle de las decisiones que tomamos por ella; no respetar sus elecciones cuando no estamos de acuerdo, etc. 
> Muy importante: permitir elegir siempre conlleva cierto riesgo que debemos asumir. Es preciso convertir estos riesgos en oportunidades para el aprendizaje. ¿Cómo? Imaginando las consecuencias de una elección (“si hacemos esto, ¿qué pasará?, ¿cuáles son las ventajas y los inconvenientes de esta elección?). 
> Otras veces, elegir significa fracasar en  la decisión. En ese caso, debemos reforzar los aspectos positivos. Por ejemplo, “mi hijo quería aprender a andar en bicicleta pero no fue capaz”. Reforzar: “te has divertido, no es tan fácil, puedes hacer otras cosas, has hecho nuevos amigos…”
A partir de estas orientaciones generales, hay que encontrar métodos útiles y específicos que permitan a la persona con discapacidad elegir más y mejor. Seguiremos tratando el tema en entradas posteriores... 

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