lunes, 10 de febrero de 2014

Hermanos/as, tutores de autodeterminación

Siempre que hablamos de promover la autodeterminación en el ámbito familiar, destacamos el importante papel de los padres/madres como modelos de habilidades varias (tomar decisiones, elegir, conocer las propias cualidades, aceptar las limitaciones, etc.). La familia es un medio privilegiado para que el niño con discapacidad adquiera, practique y aumente su autodeterminación y autonomía. En ese sentido, un buen lema para el aprendizaje de dichas habilidades, en el contexto del hogar, sería: en cualquier momento, en cualquier lugar, ante cualquier tarea...  
Además de los padres, los hermanos pueden convertirse en una “palanca” muy poderosa para el desarrollo del niño con discapacidad.


¿Por qué los hermanos pueden ser los mejores tutores de autodeterminación?

  • Entre ellos se da una relación de igual a igual, algo que no ocurre con otras figuras de la familia (sobre todo, con aquellas que reflejan autoridad).
  • Con frecuencia, existe una gran cercanía en edad e intereses y, por lo tanto, los hermanos actúan como modelos de referencia significativos para el niño con discapacidad. Yo me identifico con mi hermano, porque soy parecido, nuestros gustos y conductas son parecidas y, en definitiva, estamos en el mismo barco. 
  • Los hermanos (niños todos), tienen menos miedo al riesgo, menor sentido de la responsabilidad que los padres. Dejan que su hermano juegue, explore, experimente, se equivoque, se caiga y vuelva a levantarse sin sentimientos de culpa, miedo o inseguridad.
  • Son muchas las actividades (tiempos y espacios) compartidas. Largas horas de juegos, lecturas, conversaciones, deporte, excursiones, películas, etc. que ofrecen infinitos instantes de diversión y aprendizaje. (Para jugar al videojuego hay que elegir personaje, para buscar una película en internet hay que dar una serie de pasos, para echar un partido de fútbol hay que conocer y respetar las normas… Y cada uno de estos elementos va configurando la conducta autodeterminada).
  • Los hermanos entienden, y sienten, la discapacidad como un hecho natural, secundario al resto de cualidades de su hermano. Ellos ven a Juan, Enrique, Sara, Paula o Lucía, con quien se divierten, se pelean, se pegan, se ríen, desobedecen a sus padres… No ven, simplemente, a “un niño con discapacidad” o un “niño al que algo le pasa…” No experimentan incomodidad, desconfianza o reparos ante la discapacidad; sino que viven el día a día junto a ella y son capaces de empujar a sus hermanos hacia lo más alto, sin dejarse vencer por los miedos.

Si hace poco subrayaba la necesidad de permitir que los hermanos tuvieran su propio espacio; hoy me refiero a su gran potencial como defensores y apoyo de sus iguales con discapacidad. 
Dos caras de la misma moneda. Dos realidades que, sin ellos pretenderlo, les ha regalado la vida, colocándolos al lado de una persona diferente. 

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