lunes, 23 de diciembre de 2013

Experiencias sobre la escolarización

¿Por qué la inclusión escolar sigue siendo para muchos padres y madres una utopía? 

Se recogen a continuación algunas experiencias de padres y madres de niños y jóvenes con discapacidad intelectual que pueden ayudarnos a comprender mejor su visión.



La educación ordinaria…
  • Tiene aún carencias importantes: falta de recursos, falta de preparación por parte de los profesionales: "Lo de la integración es mentira, eso que a la gente le parece tan bonito, no existe. De momento, las escuelas no están preparadas para que niños como mi hijo estén allí. No quiero integración a cualquier precio".
  • La inclusión verdadera en el aula ordinaria es un sueño. Es frecuente el aislamiento del niño dentro del centro o del aula… "A mí la integración me suena a chino, mi hijo se quedaba pegado a la valla viendo pasar camiones en el recreo y nadie hacía nada. Lo tenía que subir a cuestas porque no había ascensor".
  • La relación con los iguales sigue siendo especialmente difícil (sobre todo durante la adolescencia): "Los compañeros la empujaban, le quitaban la mochila, se burlaban de ella. Pasábamos por delante del instituto y se ponía a chillar. Los de su clase, la defendían, pero ¿y el día que no estaban delante?"
  • Hay muchos factores que condicionan el éxito de la inclusión:
- El grado de discapacidad: "Es que está a años luz de sus compañeros, no tiene nada que ver, no entiende qué pasa a su alrededor. A mi hijo no le llaman para salir un sábado". 
- La edad: "Cuando son pequeños, todos son iguales, mi hijo iba a todos los cumpleaños. Era el chinito, ahora es el mongolo". 
- La formación del profesorado: "Me dijo la profesora que no sabía cómo hacer para atender a los cinco del aula de integración, cada uno con su discapacidad".   
- Las actitudes sociales y del contexto: "Planteé crear un aula específica en el colegio de mi hija y me dijeron que no, que eso no era educación especial y que si creaban un aula, se iba a llenar".
La educación especial…
  • Suena a tristeza, dependencia y marginación: "Parece que lo vas a dejar aparcado ahí, y que se acabó cualquier esperanza. El primer día me dio mucha impresión, no me creía que tuviera que dejar a mi hijo allí".
  • El paso de la escuela ordinaria a la educación especial es especialmente costoso, aunque a veces inevitable: "Sabía que era lo mejor para él, pero lo pasé mal. Tenía la sensación de que le abandonaba, era lo mejor pero fue muy duro".
  • Atiende mejor las necesidades de la persona (más apoyos, más preparación, más recursos): "Aquí la conocen, conocen sus posibilidades, saben cómo funcionamos las familias, te prestan ayuda en todo".
  • Se maneja una “identidad” de la discapacidad que hace que las familias se sientan mejor comprendidas: "Ella es una más, antes era la rara, la especial. Aquí es una alumna más, y nosotros una familia más. Hablamos el mismo lenguaje".
  • Presenta menos oportunidades para elegir, las opciones son limitadas: "Me dijeron que tenía que ir a un centro o al otro, no podemos elegir como el resto de padres. Parece que les da miedo que los padres decidamos, hay pocas opciones".

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