miércoles, 21 de noviembre de 2012

Cómo ser dueño de nuestras conductas: la autorregulación


La autorregulación se refiere a la capacidad de la persona para controlar su propio comportamiento, para “dirigirse” a sí mismo. 
Nos permite evaluar el contexto y el repertorio de respuestas posibles, tomar decisiones sobre cómo actuar, evaluar nuestro propio comportamiento y cambiarlo en función de los resultados o consecuencias. 
Es decir, la autorregulación incluye: automonitorización, autoevaluación y  autorrefuerzo.

Sugerencias para padres

Explica a tu hijo la importancia de la autorregulación. Explícale que nos permite controlar mejor nuestras conductas, y relacionarnos con los demás. Enséñale estrategias concretas adaptadas a sus necesidades y características (por ejemplo, técnica de la tortuga para controlar la impulsividad).

Habla con tu hijo acerca de las situaciones que le hacen ponerse nervioso (por ejemplo, hablar con extraños, conocer gente nueva…). Recuerda con él qué efectos tienen estas situaciones (me pongo rojo, no me salen las palabras, me da miedo…) Ayúdale a verbalizar sus reacciones (si es necesario, usar pictogramas, fotos, dibujos).

Enséñale a tu hijo la diferencia entre comportamientos adecuados (acabar la tarea a tiempo, ayudar en casa, jugar con sus hermanos…) y no adecuados  (pegar a otros niños, romper los juguetes, llegar tarde a clase…).  Refuerza las conductas positivas de manera visible.

Muéstrale a tu hijo que las conductas tienen consecuencias. Por ejemplo, pegar a un niño probablemente conducirá a que no quiera jugar más con él, no le preste sus juguetes, llore, etc. Utiliza la lluvia de ideas para reflexionar sobre posibles consecuencias  y el rol playing o juego simulado para pensar en comportamientos alternativos.

Enséñale estrategias concretas, específicas para regular su propio comportamiento. Utiliza la creatividad para encontrar la mejor manera de autorregularse. Se puede empezar modelando algunas conductas, utilizando “trucos” (conviértete en una tortuga, sube a la nube, dale al botón de no enfadarte, conviértete en una estatua …).

Establece con tu hijo algunas señales que le sirvan para comunicar que necesita calmarse o que necesita ayuda. Por ejemplo, enséñale que en clase puede levantar la mano… Llegad a un acuerdo sobre el sistema de comunicación.

Y siempre, siempre, siempre, sírvele a tu hijo como modelo de comportamiento.


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